
viernes, 14 de febrero de 2020
miércoles, 12 de febrero de 2020
...

Para que no llores tú
le disputaría al mar
su cabellera de espuma
para que jueguen contigo
caballitos y delfines.
Para que no llores tú
todo el cielo es poco cielo
para llenarlo de estrellas
y contarlas hasta diez.
Y para que tú no llores
todas las vacas son Lola
todo semáforo es rojo
y los árboles son grandes.
Pero si fracaso y caen
del borde de tus pestañas
dos lágrimas insurgentes
mis brazos te esperarán,
niño de viento y de brisa,
para que rías de nuevo
y que me puedas salvar.
Sara Royo
domingo, 9 de febrero de 2020
Carta de amor
Si estás leyendo esta carta de amor, publicada en un modesto diario de provincias, si la estás leyendo antes del Día de los Enamorados, no pienses que la escribí para ti. Es cierto que la concebí en una ciudad nortiza, bajo el tañido de una campana de piedra, a esas horas donde todo se desvanece y se calma. Acababa de salir del trabajo y soñaba con una foto robada desde el mar: esa donde tu sonrisa es un verano en los ojos y tus caderas una espiral de luz. Pero no, no la escribí para ti. Dejé que sus renglones se fueran por calles furtivas y me cantasen al llegar a casa. Abrí una botella de cuerpo oscuro e imaginé cómo empezaría. Buscaría un pomo de tinta y la redactaría de mi puño y letra. Hablaría de domingos sin sol y de tardes desnudas, pues las cartas de amor, fatalmente, tiritan de soledad. Evocaría uno por uno, como si fuesen lienzos, los viernes más tristes y dulces. Me entregaría a una caligrafía veloz y fervorosa, y alcanzaría exhausto la última línea. Justo a tiempo de enjugar una lágrima y servirme una copa de vino: así es como nacen las cartas de amor, aunque esta no la escribí para ti. Crucé con ella parques desolados, sorteé muros de espinas, busqué entre las ramas bajas la silueta de un buzón. La gente me miraba como si hubiese vendido mi alma, o el aliento que le queda a un niño. Era ese hombre que gime cansado y sueña a tientas bajo el cielo. En algún instante, cerca de la Catedral, tuve un presentimiento y supe que nadie escribe cartas de amor. Nadie las liga con una trenza, no hay templos donde dejarlas, no existen emisarios que las guarden al oscurecer. Mi mano la oprimía contra el pecho y, a quien quería oírme, le hablaba de mi juventud. Me censuraban, me tomaban por loco, pero no la escribí para ti. Busqué más tarde una pared limpia, pues es sabido que quien enloquece de amor vuelca sus versos en muros paganos. Pero eran solo tapias tiznadas que anunciaban el fin de la ciudad. Regresé de la noche y abrí el sobre para esgrimir sus palabras. Las mismas que ahora lees en este diario y que nunca escribí para ti: cómo hacerlo, si tú eres todas las palabras, las palabras del bosque y de la fiebre, las del futuro y las de la memoria, las que cantan como pájaros deslumbrados en la soledad de mi corazón.
Miguel Paz Cabanas
sábado, 8 de febrero de 2020
viernes, 31 de enero de 2020
sábado, 25 de enero de 2020
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Esta es una tarde como cualquier otra.
Pero, no sé si por la magia de Silvio y de Aute, algo anda desbocado en la marea de la sangre.
O quizás sea la lluvia, la luz opaca del día que se termina en su tutú nublado y húmedo y se repliega hacia el vientre de la noche.
Al borde de la laguna, el tiempo se suspende un poco.
Todo es posible.
Aún, todo es posible.
domingo, 12 de enero de 2020
...
Qué llevas en el bolso, que pesa tanto?
Tantas cosas... Lo que se ve y lo que no.
No sé la manera de aligerar la carga.
Cómo conseguir que el corazón sea leve, que los recuerdos se diluyan, que tanto tiempo (mucho ya) sean pétalo de rosa, suspiro de niño, hoja de arce?
Como una mochila se lleva, para que sea más fácil.
Y seguimos caminando.
domingo, 5 de enero de 2020
El camello cojito
El camello se pinchó
Con un cardo en el camino
Y el mecánico Melchor
Le dio vino.
Baltasar fue a repostar
Más allá del quinto pino....
E intranquilo el gran Melchor
Consultaba su "Longinos".
-¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
-son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.
El camello cojeando
Más medio muerto que vivo
Va espeluchando su felpa
Entre los troncos de olivos.
Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.
A la entrada de Belén
Al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!
Se iba cayendo la mirra
A lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.
Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.
A pie vuelven los tres reyes
Cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
Le hace cosquillas al Niño.
Gloria Fuertes
miércoles, 1 de enero de 2020
martes, 31 de diciembre de 2019
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Se acaba el año.
Mi mayor sentimiento es el de gratitud por lo mucho que tengo, por tanto cariño y tanta luz.
Que el que llega sea, como poco, igual que el que termina.
Os deseo todo lo mejor.
domingo, 29 de diciembre de 2019
Cuando seas vieja
y cabeceando junto al fuego tomes este libro,
y lentamente leas, soñando con la mirada suave
que tus ojos un día tuvieron, con sus profundas sombras;
cuántos adoraron tus instantes de alegre gracia,
y amaron tu belleza con amor falso, o verdadero;
pero un hombre amó el alma peregrina en ti,
y amó las penas de tu rostro que cambiaba.
E inclinándote junto al resplandor de los leños,
murmures, un poco triste, cómo huyó el amor,
cómo flotó lejos sobre las montañas,
y escondió su rostro entre una multitud de estrellas.
William Butler Yeats
lunes, 23 de diciembre de 2019
Navidad

Y si esto fuera de otro modo?
Si la Navidad no estuviera manchada de dinero, ni de obligaciones, ni de aparentar; si fuera un territorio dulce para abrazarse, compartir, tratar de olvidar y perdonar?
Si el mejor regalo no fuera el más caro, si no el más lleno de amor?
Si nos tomásemos como algo personal que, al menos en estos días, nadie pase hambre, ni frío, ni miedo?
Entonces sí que sería Navidad.
Y recordaríamos a esa familia de refugiados que huían de una masacre, sin nada más que su valentía y su fe. Que estaban juntos, que se querían tanto, que hasta un cometa se asomó para ver tanto amor.
Sed felices. Seamos felices. Porque somos muy afortunados y tenemos tanto, tanto, que lo debemos compartir.
Feliz Navidad.
La de verdad.
domingo, 8 de diciembre de 2019
...
Descansaré
sin peso y sin frontera
podré volar
sobre los bosques rojos
y respirar
todas las primaveras.
No contendré
mi mente vagabunda
que reirá con su primera risa.
No pensaré.
Mi corazón
reinará sobre todo.
Sara Royo
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