sábado, 23 de mayo de 2026

Piano y cello


Ayer estuve en un concierto. Dos chicos, muy jóvenes, nos ofrecieron una selección de música clásica de grandes compositores rusos. Algo tendría eso, un ingrediente mágico, quizás, para que, sin previo aviso, yo me viera transportada a otro sitio, otro tiempo, otros recovecos donde pude sentir la fuerza y la presencia de mis abuelos. Nicolás, al que no conocí, porque falleció muy joven. Leonor, que mi alma de niña sabía lo poco que me quería. Martín, el herrero músico, de enormes manos y corazón aún mayor. Y Juliana, mi yaya Juli, el paradigma del amor y la complicidad. Por algún desconocido motivo, sentí ayer a los cuatro navegando por mi sangre, siendo ellos y yo a la vez, como flotando en un eterno espacio donde todo se diluye y continúa sin perderse, sin acabarse; todos estaban en mi, en esa música, en ese instante formidable de extraña comunión. Creo que no había tenido antes una sensación así. Pero fue precioso que ocurriera.

viernes, 8 de mayo de 2026

...


"Sin embargo, hasta las personas más valientes, las más justas, las más honradas, interpretan la realidad de acuerdo con sus propias ideas sobre lo que es bueno y lo que es malo, lo que desean, lo que temen, lo que creen, lo que detestan. Y al hacerlo, fabrican su propia verdad".

"El lector de Julio Verne", Almudena Grandes

 

viernes, 1 de mayo de 2026

Noche de mayo


 Aquella tarde, al decirle
que me alejaba del pueblo,
me miró triste, muy triste,
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿por qué te vas?
Le dije: porque el silencio
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas?- He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿a dónde vas?
Y le dije: a donde el cielo
esté más alto y no brillen
sobre mí tantos luceros.

La pobre hundió su mirada
allá en los valles desiertos
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo.


Juan Ramón Jiménez