jueves, 28 de junio de 2018

Sólo mientras tanto



Cierro los ojos para disuadirme.
Ahora no es, no puede ser la muerte.
Está el escarabajo a tropezones,
mi sed de ti, la baja tarde inmóvil.

De veras está todo como antes:
el cielo tan inerme,
la misma soledad tan maciza,
la luz que se devora y no comprende.
Todo está como antes
de tu rostro sin nubes,
todo aguarda como antes la anunciada
estación en suspenso,
pero también estaba entonces este pánico
de no saber huir y no saber
alejarme del odio.

De veras todo está
destruido, indescifrable,
como verdad caída inesperadamente
del cielo o del olvido
y si alguien, algo, me golpea los párpados
es una lenta gota empecinada.
Ahora no es, no puede ser la muerte.
Abro los ojos para convencerme.  



Mario Benedetti




sábado, 23 de junio de 2018

jueves, 21 de junio de 2018

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Feliz Verano. Que nos sea propicio.

martes, 19 de junio de 2018

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He salido conmigo. Me he acompañado. 
En la sala, otra gente iba con ella misma. 
Primera vez que voy al cine sola, y me ha gustado. 
Sola, no. Conmigo.

lunes, 18 de junio de 2018

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viernes, 15 de junio de 2018

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lunes, 11 de junio de 2018

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domingo, 10 de junio de 2018

Ya era muy viejecita



Ya era muy viejecita. Y un año y otro año
se fue quedando sola con su tiempo sin fin.
Sola con su sonrisa de que nada hace daño,
sola como una hermana mayor en su jardín.
Se fue quedando sola con los brazos abiertos,
que es como crucifican los hijos que se van,
con su suave manera de cruzar los cubiertos,
y aquel olor a limpio de sus batas de holán.

Déjenme recordarla con su vals en el piano,
como yéndose un poco con lo que se le fue;
y con qué pesadumbre se mira la mano
cuando le tintineaba su taza de café.

Se fue quedando sola sola sola en su mesa,
en su casita blanca y en su lento sillón;
y si alguien no conoce qué soledad es esa,
no sabe cuánta muerte cabe en un corazón.

Y diré que en la tarde de aquel viernes con rosas,
en aquel “hasta pronto” que fue un adiós final,
aprendí que unas manos pueden ser mariposas,
dos mariposas tristes volando en su portal.

Sé que murió de noche. No quiero saber cuándo.
Nadie estaba con ella, nadie, cuando murió:
ni su hijo Guillermo, ni su hijo Fernando,
ni el otro, el vagabundo sin patria, que soy yo.

Jose Angel Buesa

sábado, 9 de junio de 2018

Un consejo



Nunca debes llamar a quien te ignora
ni llorar por quien jamás lo hará contigo.
Comprenderás que en el alma
de los otros
tu recuerdo no siempre es el primero.
Que en el olvido serás la voz dormida.
Y que ella sufrirá pensando en otro.
Y tú no serás nada. Solo un nombre
perdido en otros nombres e ignorado.
En las noches más largas los dolores
vendrán como se vienen las caricias
que no son nada ya. Solo el recuerdo
de un tiempo que escribisteis en la arena.
No fuiste nada, nada para ella.
un corazón doliente, la ternura
de escuchar el dolor que otro le causa
y que para ti es ahora la nostalgia.
No llama nunca. Ni lo hará. Por mucho
que sigas esperando en el rincón del frío
que alguna vez resuene en el teléfono
su nombre que te diga: te recuerdo.
Nunca sabrás por qué la amaste tanto
sin esperar ni siquiera una sonrisa.
Allí estás. Allí estabas como el niño
que espera los juguetes de la infancia.
Jamás será de ti. Maldita sea
la vida y la esperanza de tenerla.
Nunca te dará a ti lo que a otros diera.
Nunca vas a sentirla a tu costado.
Pero sé generoso. Deséale un buen puerto.
Que la amen como tú siempre la amaste.
Que no sufra su corazón por abandono.
Y envejezca feliz en otros brazos.
Deja, pues, que la vida la deshaga,
que la noche la pierda. Duerme ahora.
Bebe el trago más fuerte que consigas.
Y que la vida la castigue con tu olvido.

Rodolfo Serrano

martes, 5 de junio de 2018

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lunes, 4 de junio de 2018

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viernes, 1 de junio de 2018

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