domingo, 20 de agosto de 2017

17 de agosto



Ocurrió el pasado jueves y han  tenido que pasar unos días para que yo sea capaz de escribir sobre esto con un poco de orden en el corazón, la mente y las tripas.
Un montón de muertos (niños también), muchos heridos, de los que algunos no van a sobrevivir o les quedarán secuelas de por vida.
Y piensas en la sangre fría y la mala baba de alguien que es capaz de ir atropellando sistemáticamente a pacificas personas que pasean, y quieres que reviente, que le peguen dos tiros, que expulsen inmediatamente del país a todos los musulmanes, árabes, moros y su puta madre, porque en esta ocasión el terrorismo sí que te duele, porque te han tocado a los tuyos. Que esa es otra: los tuyos en el corazón mientras algún descerebrado hace distinciones y dice que hay muertos catalanes y muertos españoles.
Los que perpetraron semejante atrocidad no son mas que críos. Críos a los que les han lavado el cerebro, que se han criado en la seguridad de un país no islámico, que no saben lo que es vivir día a día con el miedo de no volver a ver a tus seres queridos por la violencia cotidiana. Y claro, lo que nos sale de las tripas es meter en el mismo saco a todos. Pero luego ves alguna de las imágenes (pocas, porque no puedo verlas) y hay mujeres tiradas en el suelo, en un charco de sangre, y algunas llevan el velo en la cabeza, y los niños que lloran a su lado, desesperados ante la muerte de su madre, es tan niño como cualquier otro, porque el terrorismo mata indiscriminadamente, porque solo quiere hacer daño y le da igual que los suyos sean victimas también. Pero, los suyos? Porque hay muchos musulmanes españoles que gritan que esta gentuza no los representan, que el Islam es amor, que la guerra santa no es su guerra.
Yo qué se. Detrás de todo esto, sospecho hay más de lo que nos dicen y nunca lo sabremos. Todos somos víctimas, de una u otra manera. Y lo más terrible de todo es que, cuando supe que habían abatido a tiros  a los terroristas en Cambrills, me alegré. Estas cosas cambian el corazón de la gente de paz, sí, porque me sigo alegrando.

miércoles, 16 de agosto de 2017

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lunes, 14 de agosto de 2017

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sábado, 12 de agosto de 2017

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A menudo no sé nada.
Es como si tanto error, tanta lágrima, tanto tiempo, no hubieran servido. Como si los minutos y las horas vividas, los días y las noches, el morirse de risa o de miedo, no hubieran dejado un mínimo rastro de sabiduría. Como si el amor y el abandono, las amapolas y la lluvia, los veranos, los inviernos, los otoños, las absurdas primaveras, estuvieran escritos sobre un encerado que alguien ha borrado.
Pero luego haces memoria y sí. Todo está ahí. Todo. Y me doy cuenta de cómo son las cosas. Me ratifico en esta vida que respiro y agradezco cada día.
Me sigo escondiendo, modificando, maquillando las ojeras, dejando ver lo que quiero que se vea.
Normalmente, nada es lo que parece.

martes, 8 de agosto de 2017

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sábado, 5 de agosto de 2017

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martes, 1 de agosto de 2017

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