jueves, 30 de abril de 2020

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Ha vivido mucho. La vida va poniendo zancadillas, retos, pero también llena de color cada minuto que siente la inocencia de sus nietos, gotitas de su lluvia, pajarillos de su nido. 
Su corazón es como un libro gordo con muchos tachones, algunos subrayados; un libro que se sigue escribiendo con una pluma usada, mientras haya tinta. 
Sabe, aunque lo niegue, que sigue habiendo rosas. El amor sigue estando prendido de su cuello, a pesar de esquivarlo detrás de cada esquina. Esta extraña primavera de ausencia de caricias guarda, dentro de su caja, mil pétalos fragantes, la risa de un imperio, todo el calor del sol.
Y en los ojos oscuros, profundos y cansados, navega muchas veces una lágrima rebelde, que resbala, salobre, con nostalgia del mar.

martes, 28 de abril de 2020

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OJOS VENDADOS - Dinamicas y Juegos

Nos ponemos la venda para no ver, para tener razón, para culpar al otro y darle esquinazo a nuestra responsabilidad de mejorar las cosas, de no crispar, de mantener el ánimo y la esperanza. 

Nos ponemos la venda y criticamos sin saber, reprochamos sin verificar. 
La venda nos hace sabios políticos y estadistas, nos lleva a pensar lo mal que lo hacen los otros. 
Es más cómodo estar medio a ciegas en nuestra obstinada opinión, que quitarla y ver de forma ecuánime la situación.
La triste, triste gente que elige eso y que tanto daño hace.




domingo, 26 de abril de 2020

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El nenúfar y la araña de Claire Legendre muestra un catálogo de ...




Dentro de mi la tormenta, 
la tempestad y la calma. 
Un tránsito de planetas, 
cierta lluvia interminable. 
Nenúfares que sonríen 
sobre su fondo de lodo. 
Dentro de mi la esperanza, 
la lágrima y el susurro; 
el grito que se desgarra 
con un batir de palomas.

Sara Royo

jueves, 23 de abril de 2020

Don Antonio Gorrión

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Don Antonio era maestro. No profesor, no: maestro. En la década de los sesenta, sobre todo fuera de las grandes urbes, el maestro era un importante pilar y el escultor que cincelaba la mente y el corazón de sus alumnos.
Era un hombre menudo, bajito. Metía los pulgares en sus tirantes, movía los cuatro restantes y daba saltitos mientras explicaba las lecciones. Por eso alguno de los niños le colocó ese mote alado, y aunque Don Antonio siempre supo quién fué el autor, no tomaba represalias, movido seguramente por su innata bondad.
El maestro estaba enamorado de la hija de Andrés el zapatero. María zapatera, una chica muy guapa, de buen porte, cuya casa estaba cerca del colegio.
El zaguán de ladrillos rojos de la zapatería; Andrés, con sus gafas de concha, afanándose con la lezna y el cabo y las puntillas finas en la boca. Don Antonio se dejaba medio sueldo en poner suelas a sus zapatos, solo por ver a María. Puso tantas suelas, que creció seis centímetros. A pesar de lo cual, la chica era mucho más alta que él, lo que no impidió que, tras un cortejo que duró casi como la chaqueta de Don Antonio, se casaran por fin.
El gorrión y la zapatera formaron su nido. El era delicado y fuerte; ella, amorosa y altiva. Innumerables partos no consiguieron que tuvieran un hijo, así que lo fueron todos sus alumnos. Todos y cada uno de los niños eran hijos de Don Antonio y María.
Al pasar el tiempo, cuando el maestro veía a alguno de sus niños, ya convertido en hombre, le decía mientras lo miraba: "a ti tampoco te estropeé, eres buen tío". Porque quien tuvo la suerte de que Don Antonio Gorrión se cruzara en su vida no podía resultar más que eso: un buen tío.






lunes, 20 de abril de 2020

Quiero




Quiero que me oigas, sin juzgarme.

Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones.


Jorge Bucay

domingo, 19 de abril de 2020

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La imagen puede contener: cielo y exterior


Llueve mansamente mientras aplaudimos en el balcón. 

Pasa despacito un coche del SUMMA con la sirena puesta, y las personas que van dentro nos aplauden a nosotros. A pesar de la distancia, casi puedo ver sus ojos emocionados, que es casi todo lo que la mascarilla deja apreciar. 
Ha tenido que ocurrir este cataclismo pavoroso para darnos cuenta, total y completamente, de la importancia de esta gente. Estos y otros, los que se ocupan de nosotros, de nuestra salud, nuestra higiene, nuestros alimentos, nuestra seguridad, nuestra mente y nuestra alegría. Luego están los de las mentiras, los bulos y el veneno, pero no merecen ni una palabra más.
Si se pudiera hacer una cadena con todo el agradecimiento, rodearía al mundo entero y lo salvaría.

viernes, 17 de abril de 2020

Preguntas

Joven · café · balcón · primer · plano · jóvenes · caucásico ...




Habías respirado antes, desde tu balcón, un aire más transparente?
Te habías sentido alguna vez tan cerca de los que amas, sin estar al alcance de sus brazos?
Habías antes escuchado una voz y que el oído la disfrutara como una melodía?
Pudiste, como ahora, mirando fotos de playas al atardecer, rozar la belleza?
Sentiste, de esta manera, que eres todo, parte de todo y de todos, creador de lo que vendrá?
Supiste antes de ahora, de esta forma abrumadora, agridulce y tremenda, lo fugaz y frágil del hálito de una vida, la importancia de una mirada, la esperanza del amor?


jueves, 16 de abril de 2020

lunes, 13 de abril de 2020

El gorriaire




El chaval rondaba los doce años. Pero así de patilargo y sin fijarse mucho en su carita y en sus ojos, podría haber pasado por uno de diecisiete. 
La estación del tren era un bullebulle de adioses, de abrazos apretados, de deseo aplazado hasta la próxima visita. El andén estaba lleno de soldados que volvían al cuartel después del permiso y de novias que se quedarían, una vez más, esperando en casa, con el solo consuelo de las cartas manuscritas que llegaban y las que devolvían en respuesta, a veces con la tinta emborronada por alguna lágrima. 
Con el último abrazo, los soldados subían al tren. Mientras esperaban que arrancara, se asomaban a la ventanilla en un intento de prolongar el contacto con la novia llorosa que, desde el andén, sonreía sin poder apartar la húmeda mirada del rostro amado. 
Y entonces era cuando el chico, rápido como un rayo, le arrebataba la gorra al soldado que se había asomado más de la cuenta, en una ejecución perfecta del deporte de su invención denominado "gorriaire". 
Era, sin duda, un deporte de riesgo. Porque no solo había que llevarse la gorra. Había que sortear los pellizcos de las novias y la ira del soldado,  al que le esperaba el calabozo si llegaba sin el uniforme completo. Entonces, el muchacho devolvía la gorra. Y era tanta la gratitud de la chica, que de premio le daba un besito.
Han pasado cincuenta años. Y aún, a veces, el chaval puede sentir en la mejilla, como alas de mariposas volando en el recuerdo, el roce de aquellos besos.

domingo, 12 de abril de 2020

sábado, 11 de abril de 2020

Sábado de Gloria

Ruiseñor común - SEO/BirdLife


Sigue el tiempo nublado, apático, triste. 
Parece que las noticias, aquí, no empeoran. 
Se abre una rendija a la esperanza, se relentizan los pasos del miedo. 
Yo trato de no espantar al ruiseñor que, de cuando en cuando, se posa brevemente en el quicio de mi alma y que aún no se ha atrevido a cantar. 
En esta ciudad vacía, el dolor todo lo llena. 




jueves, 9 de abril de 2020

Jueves Santo

Archivo:Cielo Nublado.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Este extraño Jueves Santo tiene un cielo plomizo y la irrealidad de todo lo que ocurre. 
Solo se oyen los pájaros, que cantan primaveras y se adueñan del cielo con su jolgorio alado. 
El aire que respiro va cargado de miedo. Y de dolor. Y de rabia. 
Mientras el mundo tiembla y contempla, perplejo, la inmensidad del daño, en los altos despachos valoran sobre todo el precio del dinero por encima de cualquier otra cosa. De cualquier vida, de cualquier muerte. Y gente con corbata y bolso de Gucci prefiere el hambre de los pobres a dejar de cobrar su obscena dieta. 
Este año no pensamos en irnos de vacaciones estos días, ni en las torrijas, ni en la ciudad colapsada por las procesiones. 
Este año es diferente, es la mas triste semana de pasión que yo haya vivido.


martes, 7 de abril de 2020

domingo, 5 de abril de 2020

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Puesta de sol en Cala Codolar


Viendo una película esta tarde, con una puesta de sol, todo el cielo púrpura y oro reflejándose en las aguas tranquilas de una playa, rizadas de puntillas, cadenciosas, mi corazón ha volado hasta allí. 
Más allá del cuerpo confinado, del miedo y de la pena, sigue el atardecer siendo glorioso y el alma puede huír a su regazo.




sábado, 4 de abril de 2020

Hasta siempre.




Se nos acaba de ir. 
Descansa en paz. 
Estaras siempre presente porque fuiste importante para mucha gente. 
Que la tierra te sea ligera.

viernes, 3 de abril de 2020

Pajarillos




Los veo cada tarde, a las ocho. 
Aplaudo desde mi terraza del tercer piso y en los bloques que tengo enfrente, en el bajo, ahí están. 
Tres niños de diferentes edades sacan los brazos entre las rejas y dan palmas con el entusiasmo de quien acaba de presenciar un espectáculo maravilloso. 
Sonríen, gritan, parecen felices. Sus manos, como palomas al vuelo que pudieran remontar y trascender estos tragos de dolor. 
Así es cada tarde, a las ocho. 
Pajarillos confinados. Y de fondo, su alegría.


miércoles, 1 de abril de 2020

1 de abril





Volveremos a sentir bajo los pies
 el negro latido del asfalto,
la tierra sosegada y más tranquila,
la hierba con su canto a primavera.
Repicarán a gloria las campanas
y nuestros corazones repicando
serán uno, completo, acompañado.
El cielo, de pájaros espeso,
 más azul que nunca, más cercano;
el aire limpio como nunca estuvo;
el río, claro. El bosque, perfumado.
Y nos abrazaremos con el hambre
que tanto tiempo llevamos aguantando.
Sabremos el valor de la caricia,
del beso largo,
del amor pausado. 


Sara Royo