jueves, 20 de julio de 2017

Bienvenido


Has decidido llegar hoy, con la luz del sol, con el trigo del verano.
Tu primer llanto me ha llegado en un mensaje de voz (bendita tecnología) y me ha emocionado hasta las lágrimas.
Algún día te describiré, si soy capaz, la cara y la sonrisa de tu hermana al oírte llorar y al ver tu imagen por vez primera. Porque eso es también un regalo. Tú eres un regalo. Ella es un regalo. Su mirada llena de luz viendo esa primera foto tuya. La dulce simplicidad de su día de hoy, diferente solo en que yo la fui a buscar al cole y se quedará en mi casa y dormiremos en la terraza como dos murciélagas felices.
Eres la pieza que encaja en mi puzle, el verso imprescindible de un soneto, el rastro que voy dejando. Eres tan pequeño, tan nuevo, tan frágil y a la vez tan grande…
Bienvenido al mundo.
Bienvenido a mi mundo.

Gracias por hacerme eterna.

martes, 18 de julio de 2017

Avanza el verano

(Foto de Pedro Sabalete)




Avanza el verano, pasito a pasito.
Los días son monótonos y pesados. Es un tiempo de espera. Las cosas se irán colocando o yo me adaptaré, no sé, en ese ejercicio cotidiano de supervivencia.
Mientras, la sal de mi sangre echa de menos el mar, en esa querencia de regresar al origen, de volver a lo que se es. En esta ciudad que amo, sin playa y sin horizonte, solo la noche es amable y fresca.
Paciencia. Serenidad. Confianza. Y más luz que la de las estrellas.

jueves, 13 de julio de 2017

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miércoles, 12 de julio de 2017

Siempre hay alguien mirando




Las amapolas de cuneta; el tic tac de los relojes; la araña de la ducha
lo que hubiera
detrás de las esquinas, la orilla de los platos
esas estúpidas, películas de amor de dos horas y media
sólo por ver cómo se besan en el último segundo, yo
lo amo todo con todos mis ojos
con todas mis manos
con todo el amor
del que es capaz de amar un sólo hombre.
Los abecedarios y los pájaros pequeños
por supuesto las nubes, a poder ser redondas
cada farola que se encienda esta noche, cada vez, que un ángel pasa por mi lado oliendo a Cacharel, a rosa, a lirio, yo
que lloro cada muerte aunque no sea la mía
amaré siempre lo que quede del día,
los caracoles y el jabón y las cucharas y la nieve y esa luz en la gente
cuando creen que nadie las ve.
Las tuercas; los tornillos; las ruedas de los coches
el Buuu de cualquier barco, lo que quiera que traiga mañana la marea.
El litio y el sodio, el manganeso.
El eco.
Los moños que se hacen en el pelo las sirenas.
La música del grillo.
El olor a mojado.
Because it rains, and I am alive.


Billy MacGregor



sábado, 8 de julio de 2017

Amistad

(Foto de Pedro Sabalete)


Siempre he pensado que la amistad es una forma de amor. Quizás las mas verdadera, la mas auténtica, la mas firme. Pero no deja de ser amor. Ese sentimiento volátil y etéreo que un día lo llena todo y, al siguiente, ha desaparecido.
Dicen que si el amor se termina, es que nunca lo fue. Yo eso no lo sé. Entiendo de amor y desamor, porque he vivido ambas experiencias. Pero no podría cuantificar, ni pesar,  ni medir, el volumen y la importancia de ese sentimiento. Quieres a una persona, pero de repente te daña y te abandona. No hay un motivo aparente, no hay razones para eso. Pero ocurre.
La buena noticia es que no pasa nada. Nunca pasa nada. Siempre se me dio bien abrir puertas, pero mejor aún, cerrarlas. Así que a otra cosa.
Es sábado y llueve. Me gusta que llueva.

martes, 4 de julio de 2017

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La segunda vez fué más fácil.
El secreto debe estar en entrar en el túnel con los ojos cerrados, sintiéndolos pesados y ligeros a la vez como ala de mariposa.
Imaginar que hay sobre la cabeza una bóveda llena de estrellas guiñadoras y cómplices, una oscuridad de terciopelo suave que envuelve sin oprimir, sin dar miedo.
Hacer ruido de mar cada uno de los golpes sonoros, y por una extraña alquimia, acompasar ese ritmo al de las olas.
Y, por si todo eso fallara, repetir dentro de tu cabeza un poema de la infancia: Margarita, está linda la mar y el viento…

domingo, 2 de julio de 2017

Confesión de parte




Te digo que es de esas mujeres que te matan,
que tienen en sus dedos las caricias que queman,
y en su boca el océano cálido y primigenio.
Y debajo del ceñido pantalón vaquero
guardan la humedad asfixiante del trópico,
el olor de una playa cuando viene la noche.
Es de esas mujeres, amigo, que te matan.
Que tienen en su piel constelaciones
imposibles de abarcar con una mano.
Y en su sonrisa, en medio de sus labios,
puedes gozar de siestas y sudores
y comerte su lengua como si fuera un trozo
de corazón de azúcar, una roja sandía de verano.
No sé como contarte. Sólo un roce,
esa mano que, a veces sin quererlo,
se encuentra con su pecho al prender un cigarro,
basta para meterte en todos los infiernos
que deben de estar bajo el jersey de lana,
en el vientre que aprieta su cintura imposible,
en sus piernas arriba, donde el pliegue divino.
Qué quieres que te diga. Cuando habla y te mira
se deshace en tu pecho el corazón que vive,
y el mundo no es el mundo, es una estrella rota,
un jirón de deseo. Y sabes que estás muerto
porque entonces comprendes que es de esas mujeres
que te matan, amigo. Y que ya no hay remedio.

Rodolfo Serrano

sábado, 1 de julio de 2017

Balada de un día de Julio






Esquilones de plata 
Llevan los bueyes. 

—¿Dónde vas, niña mía, 
De sol y nieve? 

—Voy a las margaritas 
Del prado verde. 

—El prado está muy lejos 
Y miedo tiene. 

—Al airón y a la sombra 
Mi amor no teme. 

—Teme al sol, niña mía, 
De sol y nieve. 

—Se fue de mis cabellos 
Ya para siempre. 

—Quién eres, blanca niña. 
¿De dónde vienes? 

—Vengo de los amores 
Y de las fuentes. 

Esquilones de plata 
Llevan los bueyes. 

—¿Qué llevas en la boca 
Que se te enciende? 

—La estrella de mi amante 
Que vive y muere. 

—¿Qué llevas en el pecho 
Tan fino y leve? 

—La espada de mi amante 
Que vive y muere. 

—¿Qué llevas en los ojos, 
Negro y solemne? 

—Mi pensamiento triste 
Que siempre hiere. 

—¿Por qué llevas un manto 
Negro de muerte? 

—¡Ay, yo soy la viudita 
Triste y sin bienes! 

Del conde del Laurel 
De los Laureles. 

—¿A quién buscas aquí 
Si a nadie quieres? 


—Busco el cuerpo del conde 
De los Laureles. 

—¿Tú buscas el amor, 
Viudita aleve? 
Tú buscas un amor 
Que ojalá encuentres. 

—Estrellitas del cielo 
Son mis quereres, 
¿Dónde hallaré a mi amante 
Que vive y muere? 

—Está muerto en el agua, 
Niña de nieve, 
Cubierto de nostalgias 
Y de claveles. 

—¡Ay! caballero errante 
De los cipreses, 
Una noche de luna 
Mi alma te ofrece. 

—Ah Isis soñadora. 
Niña sin mieles 
La que en bocas de niños 
Su cuento vierte. 
Mi corazón te ofrezco, 
Corazón tenue, 
Herido por los ojos 
De las mujeres. 

—Caballero galante, 
Con Dios te quedes. 

—Voy a buscar al conde 
De los Laureles... 

—Adiós mi doncellita, 
Rosa durmiente, 
Tú vas para el amor 
Y yo a la muerte. 

Esquilones de plata 
Llevan los bueyes. 

—Mi corazón desangra 
Como una fuente.


Federico García Lorca

martes, 27 de junio de 2017

En los bosques de Pennsylvania





Cuando un árbol gigante se suicida,
harto de estar ya seco y no dar pájaros,
sin esperar al hombre que le tale,
sin esperar al viento,
lanza su última música sin hojas
-sinfónica explosión donde hubo nidos-,
crujen todos sus huecos de madera,
caen dos gotas de savia todavía
cuando estalla su tallo por el aire,
ruedan sus toneladas por el monte,
lloran los lobos y los ciervos tiemblan,
van a su encuentro las ardillas todas,
presintiendo que es algo de belleza que muere.

Gloria Fuertes

sábado, 24 de junio de 2017

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Hemos dormido esta noche en la terraza, como dos murciélagas.
Ella, cruzada en la colchoneta de 80, espléndida, reposada, feliz.
Yo, en el filito de dicho lecho, más en el suelo que otra cosa, pendiente de arroparla, de oírla dormir, de respirarla.
A las siete de la mañana se ha despertado, porque mira, yaya, hay luz, se ve el cielo por ahí y han apagado las luces de la calle. Cuando tiene razón, tiene razón.
Luego, bajo el sol de la mañana, hemos jugado, saltado en la cama elástica, paseado. Ella soplaba el chisme de hacer burbujas con tremenda concentración. Salían montones cada vez, un arsenal de cristales redondos y delicados, iridiscentes. Llenos, y es lo más importante, del aliento vital de la primera increíble persona que ha compartido conmigo el dormitorio de verano. Por eso, el aire esta mañana era un poco más limpio.
En el aire, su aire. En mi corazón, ella.

miércoles, 21 de junio de 2017

Verano




Verano, ya me voy. Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.
Verano! Y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.
Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.
Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.
Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho…


César Vallejo

lunes, 19 de junio de 2017

Si el viento

(Foto de Pedro Sabalete)



Si el viento fuese mi cómplice
en esta tarde gris y pesada
donde está inmóvil la hiedra verde
donde los pájaros vuelan sedientos
y si mi mente fuera tan solo
un algoritmo que se interpreta
de forma fácil, de forma leve,
si el aire ahora se levantara
con la alegría de una verbena
y alborotara todas las nubes
hasta llorar sobre  mi terraza
si el viento fuese cómplice, amigo,
si yo pudiese por un momento
ser esa cosa de ser normal.

Sara Royo


sábado, 17 de junio de 2017

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