sábado, 1 de diciembre de 2018
Diciembre
Diciembre.
Tramo final de un año que no me he parado a analizar.
Pero todo está bien: seguimos vivos.
viernes, 16 de noviembre de 2018
domingo, 11 de noviembre de 2018
miércoles, 7 de noviembre de 2018
Litio
Mordí a un perro.
Helé las venas en mi sangre.
Sembré las plantas de los pies; tuve en mis manos el pájaro de ciento
y lo eché a volar.
Le di la espalda a todo lo que amé
alguna vez.
Y tiemblo, tiemblo como las hojas de los árboles antes de caer.
Y lloro gordo y de seguido ríos que no llegan al mar y tengo miedo y
me atraganto con el único nombre que no puedo nombrar.
Porque me duele. Porque ya todo me duele.
Se me enredan las letras. Se me olvidan las palabras.
Amor; ojo; submarino; cazuela; perdiz; calamidad; proeza; sitio...
Los días son más largos, con más noche, más oscuros, casi
amargos
como la hez de un ñu.
Fríos como el frío de un niño recién muerto.
Helé las venas en mi sangre.
Sembré las plantas de los pies; tuve en mis manos el pájaro de ciento
y lo eché a volar.
Le di la espalda a todo lo que amé
alguna vez.
Y tiemblo, tiemblo como las hojas de los árboles antes de caer.
Y lloro gordo y de seguido ríos que no llegan al mar y tengo miedo y
me atraganto con el único nombre que no puedo nombrar.
Porque me duele. Porque ya todo me duele.
Se me enredan las letras. Se me olvidan las palabras.
Amor; ojo; submarino; cazuela; perdiz; calamidad; proeza; sitio...
Los días son más largos, con más noche, más oscuros, casi
amargos
como la hez de un ñu.
Fríos como el frío de un niño recién muerto.
Y a veces
esa luz.
esa luz.
Billy MacGregor
jueves, 1 de noviembre de 2018
Noviembre
Noviembre empieza con sol.
Hay un noviembre en el cielo
diferente del de ayer
las nubes se han retirado,
ha dejado de llover.
Tibio calor de noviembre
que templa mi corazón...
luz fresca de la mañana
un pajarillo cantó.
Sara Royo
domingo, 28 de octubre de 2018
viernes, 26 de octubre de 2018
...
Los días oscuros en los que una marea negra oprime la garganta.
Un puño de hierro crece en la boca del estómago y toda esa paz, tan duramente conseguida, es un frágil castillo de naipes que se tambalea.
Te das cuenta, con la lucidez de un relámpago, de que todo es fugaz y mutable, de que la vida, tal como la conoces y amas, cambia con un simple chasquear los dedos.
Y ni siquiera son tus dedos.
Estamos conectados. Irremediable e indisolublemente unidos.
Cuánto cuesta, después de todo esto, volver a florecer...
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