Tenía el mar en los ojos
estrellitas de plata,
ayer,
cuando miraba
como me marchaba de su lado.
Y es que da igual el tiempo que pase. Tampoco importa que en tu cabello empiece a pintar la plata, ni que ya haya quien te llame "señor". Está fresco en mi memoria cada instante de tu llegada, cuando llamaste a la puerta para salir, con tanta prisa, las facciones perfectas de tu cara. Y se sucederán los días y los años sin que yo olvide (eso espero y deseo) la primera vez que nos miramos, sin que yo supiera que estaba conociendo al hombre de mi vida.
Feliz cumpleaños, hijo.