
Junio se va castigándonos por aquí con temperaturas muy altas y la amenaza de una inminente ola de calor.
Este verano, recién empezado, no trae la alegría de otros. Navegamos por aguas peligrosas y podemos zozobrar en cualquier momento.
No sabemos hacerlo mejor. La irresponsabilidad de unos, la extrema prudencia de otros. En este mundo global y comunicado, las noticias siguen sin ser buenas.
Tendremos que acostumbrarnos a esta nueva normalidad, tan anormal, e intentar descubrir en unos ojos lo que antes nos decía una sonrisa. Nos habituaremos a vivir a metro y medio de distancia, a no dar el abrazo espontáneo y apretado que nos sale del alma regalar, a no estampar dos besos en las mejillas amigas.
Y esta nueva normalidad es otra forma añadida de soledad, otra barrera para con los otros. Un reto para aprender a querernos como siempre, pero más, porque estaremos trascendiendo, con la fuerza del amor, la distancia.