Es como un aliento leve, pero perceptible. Flota sobre las casas, la gente, los árboles, los parques, los colegios...
Sobre todo eso que ahora nos parece sólido, pero es pura fragilidad. Nos impregna un poquito más cada día, con cada nueva noticia, con cada gesto de la bestia.
Mientras yo espero una bala que la mate, estamos respirando miedo a la guerra.





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