domingo, 12 de abril de 2020
sábado, 11 de abril de 2020
Sábado de Gloria

Sigue el tiempo nublado, apático, triste.
Parece que las noticias, aquí, no empeoran.
Se abre una rendija a la esperanza, se relentizan los pasos del miedo.
Yo trato de no espantar al ruiseñor que, de cuando en cuando, se posa brevemente en el quicio de mi alma y que aún no se ha atrevido a cantar.
En esta ciudad vacía, el dolor todo lo llena.
jueves, 9 de abril de 2020
Jueves Santo

Este extraño Jueves Santo tiene un cielo plomizo y la irrealidad de todo lo que ocurre.
Solo se oyen los pájaros, que cantan primaveras y se adueñan del cielo con su jolgorio alado.
El aire que respiro va cargado de miedo. Y de dolor. Y de rabia.
Mientras el mundo tiembla y contempla, perplejo, la inmensidad del daño, en los altos despachos valoran sobre todo el precio del dinero por encima de cualquier otra cosa. De cualquier vida, de cualquier muerte. Y gente con corbata y bolso de Gucci prefiere el hambre de los pobres a dejar de cobrar su obscena dieta.
Este año no pensamos en irnos de vacaciones estos días, ni en las torrijas, ni en la ciudad colapsada por las procesiones.
Este año es diferente, es la mas triste semana de pasión que yo haya vivido.
martes, 7 de abril de 2020
domingo, 5 de abril de 2020
...

Viendo una película esta tarde, con una puesta de sol, todo el cielo púrpura y oro reflejándose en las aguas tranquilas de una playa, rizadas de puntillas, cadenciosas, mi corazón ha volado hasta allí.
Más allá del cuerpo confinado, del miedo y de la pena, sigue el atardecer siendo glorioso y el alma puede huír a su regazo.
sábado, 4 de abril de 2020
Hasta siempre.
Se nos acaba de ir.
Descansa en paz.
Estaras siempre presente porque fuiste importante para mucha gente.
Que la tierra te sea ligera.
viernes, 3 de abril de 2020
Pajarillos
Los veo cada tarde, a las ocho.
Aplaudo desde mi terraza del tercer piso y en los bloques que tengo enfrente, en el bajo, ahí están.
Tres niños de diferentes edades sacan los brazos entre las rejas y dan palmas con el entusiasmo de quien acaba de presenciar un espectáculo maravilloso.
Sonríen, gritan, parecen felices. Sus manos, como palomas al vuelo que pudieran remontar y trascender estos tragos de dolor.
Así es cada tarde, a las ocho.
Pajarillos confinados. Y de fondo, su alegría.
miércoles, 1 de abril de 2020
1 de abril
Volveremos
a sentir bajo los pies
el negro latido del asfalto,
la
tierra sosegada y más tranquila,
la
hierba con su canto a primavera.
Repicarán
a gloria las campanas
y
nuestros corazones repicando
serán
uno, completo, acompañado.
El
cielo, de pájaros espeso,
más azul que nunca, más cercano;
el aire
limpio como nunca estuvo;
el río,
claro. El bosque, perfumado.
Y nos
abrazaremos con el hambre
que
tanto tiempo llevamos aguantando.
Sabremos
el valor de la caricia,
del beso
largo,
del amor
pausado.
Sara Royo
martes, 31 de marzo de 2020
...
Anoche nevó.
Se termina este marzo aciago con frío invernal. Tanto dolor no permite despegar a la primavera.
Esto no nos hará mejores, me temo.
Hay miserables que intentan sacar rédito a esta situación tremenda y parece que quisieran hundir este frágil barco. Tanto miedo, tanta mala baba, tanta estupidez.
Somos leves como burbujas.
No tenemos nada más que el momento presente y el amor que damos. Solo eso.
Salgo a la terraza y respiro dolor.
No sé hacer otra cosa que mandar fuerza a esa gente de ahí afuera, la que cuida de nosotros de la mejor manera que sabe y puede.
Me sobran los miserables, los quejicas, los egoístas.
Mientras, los gorriones se dan un festín con las migas de galletas que les dejo sobre una de las jardineras, benditos sean.
Mientras, los gorriones se dan un festín con las migas de galletas que les dejo sobre una de las jardineras, benditos sean.
No es el virus la única pandemia. La de la insolidaridad y la pura maldad es mas grande, si cabe.
Hoy estoy triste.
sábado, 28 de marzo de 2020
Por quién doblan las campanas

“Nadie es una isla por completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de un continente, una parte de la Tierra. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la Humanidad. Por tanto, nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti”
(John Donne. Siglo XVI)
sábado, 21 de marzo de 2020
Primavera
Apareciste ayer, primavera, y yo no me di cuenta.
Es todo tan raro, tan silencioso.
Desde mi balcón veo un calle vacía, llena de coches aparcados desde hace días. Alguna persona, muy de vez en cuando, camina presurosa con su perrico o su bolsa de la compra.
Y así debe ser. Porque este año, primavera, estamos en guerra, y el enemigo es invisible y muy mortal.
Pero cuando a las ocho de la tarde salimos todos a terrazas y balcones y aplaudimos como locos a nuestros valientes, yo te siento, primavera.
Te siento en mi pulso, en el ruido emocionado de la gente de mi barrio, en esa unidad profunda aún en la distancia.
Veo los árboles de la calle pletóricos de yemas y los brotes decididos de mis macetas.
Nada te parará, primavera.
Te doy la bienvenida y te agradezco la luz y la fuerza, esas que tanto necesitamos para vencer.
viernes, 20 de marzo de 2020
...
Y la gente se quedó en casa.
Y leyó libros y escuchó.
Y descansó y se ejercitó.
E hizo arte y jugó.
Y aprendió nuevas formas de ser.
Y se detuvo.
Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.
Alguno rezaba.
Alguno bailaba.
Alguno se encontró con su propia sombra.
Y la gente empezó a pensar de forma diferente.
Y la gente se curó.
Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante.
Peligrosos.
Sin sentido y sin corazón.
Incluso la tierra comenzó a sanar.
Y cuando el peligro terminó.
Y la gente se encontró de nuevo.
Lloraron por los muertos.
Y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas visiones.
Y crearon nuevas formas de vida.
Y sanaron la tierra completamente.
Tal y como ellos fueron curados.
(K.O'Meara - Poema escrito durante la epidemia de peste en 1800)
Y leyó libros y escuchó.
Y descansó y se ejercitó.
E hizo arte y jugó.
Y aprendió nuevas formas de ser.
Y se detuvo.
Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.
Alguno rezaba.
Alguno bailaba.
Alguno se encontró con su propia sombra.
Y la gente empezó a pensar de forma diferente.
Y la gente se curó.
Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante.
Peligrosos.
Sin sentido y sin corazón.
Incluso la tierra comenzó a sanar.
Y cuando el peligro terminó.
Y la gente se encontró de nuevo.
Lloraron por los muertos.
Y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas visiones.
Y crearon nuevas formas de vida.
Y sanaron la tierra completamente.
Tal y como ellos fueron curados.
(K.O'Meara - Poema escrito durante la epidemia de peste en 1800)
jueves, 19 de marzo de 2020
Antonia Martillito

Empezaba la década de los sesenta en una España aún temblorosa.
En el sur de esa España vivía y tenía su industria Antonia Martillito, que elaboraba de manera artesanal pequeños martillos de azúcar.
Antonia Martillito tenía su delantal, su moño y sus andares. Tenía también una mesa de tijera en la que había pintado, en sus lados más largos, diez casillas en cada uno, de modo que había veinte espacios, perfectamente numerados, para su negocio de lotería.
El asunto se completaba con una botella amarilla, que en otro tiempo contuvo lejía, y sus correspondientes veinte bolas de madera, que ella, al tacto, conocía perfectamente. El negocio de Antonia Martillito tenía como clientes especiales a los niños de la zona.
Cada casilla costaba una perra gorda y los niños elegían su número y, sobre él, depositaban su moneda.
Cuando todas las casillas estaban cubiertas de moneditas, Antonia Martillito sacaba del mandil un reluciente martillo de azúcar, titilante como una estrella con la envoltura de su papel.
Los ojos de los niños fijos en esa liturgia.
Y ella entonces levantaba la botella amarilla, con las bolas dentro, y comenzaba la emoción de esa rifa para niños pobres.
La ilusión brincaba con enorme alborozo en aquellas caritas atentas.
Antonia Martillito los miraba entonces y descubría al más desvalido, le sonreía, y por la magia de su amistad con las bolas, justo salía ese número.
Nunca les tocó a los hijos del alcalde: ellos podían comprar el martillo a peseta, que era su precio. Pero los otros niños, los más pobres, tenían la posibilidad de obtenerlo por una perra gorda y el sentido de la justicia social de Antonia Martillito.
Esta historia es un poco mentira, porque yo no la viví.
Me la contó, mientras me la regalaba, uno de esos niños pobres.
Que sigue siendo niño, mientras recolecta plumas para sus alas.
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