sábado, 14 de febrero de 2026
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viernes, 6 de febrero de 2026
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Mi abuela y yo nacimos el mismo día,
y a la misma hora. Ambas lloramos
al vernos por primera vez.
Nuestros nombres tienen mucho en común:
ella se llama Abuela y yo, Nieta.
Abuela y yo paseábamos juntas por el parque.
Al principio, caminábamos como dos señoras patas:
meneíto para aquí, meneíto para allá.
Y es que Abuela tenía los pies planos
y yo apenas comenzaba a caminar.
Pasó el tiempo y a ambas se nos cayó nuestro
primer diente. Yo lo puse debajo de la almohada
esperando al Ratón Pérez.
Abuela se lo llevó al doctor Pérez, el dentista,
para que le pusiera uno igualito pero postizo.
Un día nos dimos cuenta de que ni Abuela ni yo
sabíamos leer ni escribir, así que decidimos que
cuando yo cumpliera los cinco, iríamos al colegio.
Y fuimos.
Yo por las mañanas bien temprano,
y ella por las tardes a la escuela de adultos.
Ahora ambas sabemos escribir.
Yo tengo la letra torcida, y ella, temblorosa.
Cuando me voy de vacaciones con mis padres,
Abuela sale de excursión con sus amigos,
y nos enviamos postales por correo.
En ellas sólo garabateamos nuestro nombre, porque
dice Abuela que todo lo que tenemos para contarnos
no entra en el cuadrito de una postal.
Antes de dormir, Abuela me cuenta historias de su juventud.
A la hora de la siesta, yo le leo las noticias del periódico.
Abuela tiene muchos hijos e hijas que son mis tíos y tías;
menos una, que es mi mamá. Cuando ellos eran pequeños,
vivían en casa de mi Abuela.
Ahora es ella la que vive en casa con mi mamá y conmigo.
Cuando estamos todos juntos,
la familia es enorme.
Ella nos abraza y nos mima.
Dice que todos los años le han ido
creciendo los brazos para que ninguno
se quede afuera.
Yo también he crecido,
y mis brazos, y mis pies.
Un día, Abuela se despertó muy cansada, dijo,
y que ya no quería comer porque le dolía la boca
de masticar durante tantos años.
Que quería irse de viaje sin maleta, a buscar al abuelo,
que era el único al que no podía abrazar.
—Te vas, lo abrazás y volvés a casa con nosotros —dije.
—No, querida. Quiero irme con el abuelo para volver
a estar juntos otra vez.
No sé por qué, pero me puse muy triste y lloré.
Y si una nieta llora,
la abuela llora también.
A partir de ese día,
Abuela no se quiso mover de la cama.
Me acurruqué a su lado
y le hablé de cuando aprendimos a leer,
de su letra temblorosa, de sus brazos largos,
y de mis enormes pies.
Ella cerraba los ojos y yo la abrazaba.
Pasamos así varias semanas,
y un mediodía, a la hora del almuerzo,
mordió primero un trocito de papa,
después tomó una cucharada de sopa y luego dos.
Y una mañana, cuando salió el sol,
se levantó de la cama
y salimos juntas a caminar por el parque.
Caminamos despacio como dos señoras patas:
meneíto por aquí, meneíto por allá.
Ella porque tenía las piernitas muy flacas
y los pies planos.
Y yo, porque acompañaba
sus pasos entre besos y abrazos.
Jackeline De Barros
En su libro "Brazos largos"
miércoles, 4 de febrero de 2026
Cómo hacer un barco
domingo, 1 de febrero de 2026
Hall & Oates – Sara Smile
La primera vez que bailé esta canción, no la conocía.
Ocurrió de noche, bajo el porche de una casa, en la quietud del campo. En unos brazos que, entonces, eran motivo de alegría. La escasa luz de la luna apenas alumbraba. No hacía falta.
Todo eso ya pasó, esa mujer es otra. Pero esta canción me sigue gustando. Y Sara aún sonrie.
domingo, 25 de enero de 2026
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sábado, 24 de enero de 2026
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miércoles, 14 de enero de 2026
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Es como un aliento leve, pero perceptible. Flota sobre las casas, la gente, los árboles, los parques, los colegios...
Sobre todo eso que ahora nos parece sólido, pero es pura fragilidad. Nos impregna un poquito más cada día, con cada nueva noticia, con cada gesto de la bestia.
Mientras yo espero una bala que la mate, estamos respirando miedo a la guerra.
lunes, 12 de enero de 2026
Un Padrenuestro latinoamericano
"Padre nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles
quiero que vuelvas antes de que olvides
cómo se llega al sur de Río Grande
lunes, 5 de enero de 2026
Queridos Reyes Magos
Queridos Reyes Magos:
Este año me he portado bastante bien. He pasado por situaciones difíciles y las he encarado como una niña buena y responsable, haciendo lo que debía hacer. A pesar del miedo, unas, y de no entender, otras.
Siempre os pido salud, amor y prosperidad para los míos y para mi, que son tremendos regalazos.
Pero este año tengo una petición especial. Hay unos hombres malos sueltos por el mundo, muy poderosos y muy peligrosos, que están matando a las personas inocentes, robando países y masacrando niños, sin piedad. Os pido, por favor, que esto termine. Acabad con ellos, de la forma que sea, para que el mundo pueda respirar en paz. Ya sé que esto no es fácil, pero intentadlo.
Gracias por leer mi carta, un año más. Besos para vosotros y los camellos,
Sara
domingo, 4 de enero de 2026
Velas
Kavafis





