Tenía las ubres de criar lagartos secas Serafina junto a la ventana
-esperaba los barcos-, la casa a la oscura
era el estómago de un hipopótamo.
Tenía en las pestañas colgando de dos clavos dos
almanaques del año pasado.
Mecía entre los brazos un viento, muy rubio y muy rizado de crestas de ola.
-esperaba los barcos-, la casa a la oscura
era el estómago de un hipopótamo.
Tenía en las pestañas colgando de dos clavos dos
almanaques del año pasado.
Mecía entre los brazos un viento, muy rubio y muy rizado de crestas de ola.
Al canto del pájaro Serafina moría
aplastada por el peso de los átomos.
Se le escapaba el helio: “¿dónde estás...”.
Sangraba versos viejos: “...amor...”.
Se la comían los celos: “...mío”, y escupía al mar y a las gaviotas y gritaba
loca
de espuma y su nombre por la boca.
aplastada por el peso de los átomos.
Se le escapaba el helio: “¿dónde estás...”.
Sangraba versos viejos: “...amor...”.
Se la comían los celos: “...mío”, y escupía al mar y a las gaviotas y gritaba
loca
de espuma y su nombre por la boca.
Billy MacGregor

















