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viernes, 14 de junio de 2019

Mascarón de proa




Tenía las ubres de criar lagartos secas Serafina junto a la ventana
-esperaba los barcos-, la casa a la oscura
era el estómago de un hipopótamo.
Tenía en las pestañas colgando de dos clavos dos
almanaques del año pasado.
Mecía entre los brazos un viento, muy rubio y muy rizado de crestas de ola.
Al canto del pájaro Serafina moría
aplastada por el peso de los átomos.
Se le escapaba el helio: “¿dónde estás...”.
Sangraba versos viejos: “...amor...”.
Se la comían los celos: “...mío”, y escupía al mar y a las gaviotas y gritaba
loca
de espuma y su nombre por la boca.

Billy MacGregor


domingo, 21 de abril de 2019

Mendelevio



Lo que más me gusta de nosotros es tu risa.
Que yo diga: “¿Te imaginas? ¿Que de pronto el hombrecito del semáforo se pusiera a andar y llegara a donde quiere? A lo mejor hay alguien esperándolo. Sería estupendo.”
Y tú me mires como así y yo pregunte “¿O no?”.
Y te des cuenta de que hablo
completamente en serio.
Entonces es cuando te ríes.
Y yo me pregunto que de qué.
Si es que para ti no es importante que el hombrecito del semáforo cumpla sus sueños.
Ahora es cuando tus manos
se posan en mi cara como pequeños pájaros
que me pían te quiero: porque me sabes ser un niño
porque mira dónde cabes
porque eres de azúcar.
Te paso el brazo por encima del hombro y te digo al oído
que
de mayor
quiero ser un gran hombre.

Billy MacGregor

martes, 15 de enero de 2019

Bromo




Hay quien divide sus días en solos de trompeta
sus horas en minutos, sus minutos en relojes de arena, cada segundo en un suspiro.
Y después está Alicia
que no se ha puesto un calcetin igual a otro
en su puta vida
y en el pelo, en vez de horquillas, lleva las simientes de la ultima hojarasca.
Alicia se levanta a medianoche
-yo la he visto-
a abrir todas las jaulas de este mundo.
Otras no puedo entrar al vater
porque ha metido en la bañera un cocodrilo.
O
-dios mío-
se me encima de un salto a la cara
y me muerde la nariz hasta que lloro lágrimas cuadradas.

Billy MacGregor




miércoles, 7 de noviembre de 2018

Litio




Mordí a un perro.
Helé las venas en mi sangre.
Sembré las plantas de los pies; tuve en mis manos el pájaro de ciento
y lo eché a volar.
Le di la espalda a todo lo que amé
alguna vez.
Y tiemblo, tiemblo como las hojas de los árboles antes de caer.
Y lloro gordo y de seguido ríos que no llegan al mar y tengo miedo y
me atraganto con el único nombre que no puedo nombrar.
Porque me duele. Porque ya todo me duele.
Se me enredan las letras. Se me olvidan las palabras.
Amor; ojo; submarino; cazuela; perdiz; calamidad; proeza; sitio...
Los días son más largos, con más noche, más oscuros, casi
amargos
como la hez de un ñu.
Fríos como el frío de un niño recién muerto.
Y a veces
esa luz.

Billy MacGregor

lunes, 15 de octubre de 2018

...




Qué apetitosa estabas aquel día toda así y qué templado
tu oso de peluche. Delicioso.
La llama de las velas. Tus ojos. Tan lejos...

Te traje de vuelta una y mil veces desde entonces a esta orilla.
Tú desde entonces aún te ahogas mar adentro, a veces
mientras cenamos. 
Yo le doy cuerda a los relojes.
Tú dejas que el silencio te devore.

Pero aquel día-qué milagro-, tu carne y mi carne. 
Hasta que no quedó más nada que lamer del plato.
Desde entonces me dices pon tus manos donde yo pueda verlas.
Yo sueño desde entonces a veces con caimanes.


Billy MacGregor

miércoles, 12 de julio de 2017

Siempre hay alguien mirando




Las amapolas de cuneta; el tic tac de los relojes; la araña de la ducha
lo que hubiera
detrás de las esquinas, la orilla de los platos
esas estúpidas, películas de amor de dos horas y media
sólo por ver cómo se besan en el último segundo, yo
lo amo todo con todos mis ojos
con todas mis manos
con todo el amor
del que es capaz de amar un sólo hombre.
Los abecedarios y los pájaros pequeños
por supuesto las nubes, a poder ser redondas
cada farola que se encienda esta noche, cada vez, que un ángel pasa por mi lado oliendo a Cacharel, a rosa, a lirio, yo
que lloro cada muerte aunque no sea la mía
amaré siempre lo que quede del día,
los caracoles y el jabón y las cucharas y la nieve y esa luz en la gente
cuando creen que nadie las ve.
Las tuercas; los tornillos; las ruedas de los coches
el Buuu de cualquier barco, lo que quiera que traiga mañana la marea.
El litio y el sodio, el manganeso.
El eco.
Los moños que se hacen en el pelo las sirenas.
La música del grillo.
El olor a mojado.
Because it rains, and I am alive.


Billy MacGregor



lunes, 29 de mayo de 2017

Buenos dias, mundo



Libarte one to one todos y cada uno de los dedos de los pies con esta hambre perenne de cien siglos, colibrí; oso hormiguero; lunático; insectívoro. Un bufé de cartílagos.
Servirme de segundo un hueso de tobillo y un poco de esa salsa que gimes terminada en h.
Tirarme en tobogán hasta las corvas con los ojos vendados y caer en picado, albatros,
como Jhonny Weissmuller sobre el rastro cristalino aquel de caracol de tu triángulo.
Desabrocharte.
Morirte tú. Morirme yo. Como sea que se muera de amor.


Billy MacGregor



sábado, 6 de mayo de 2017

Expediente X

(Foto de Teresa Salvador)





Aquel día pasó algo.
Si yo hubiera creído alguna vez en algún dios habría jurado,
que fue un puto milagro.
Si hubiera sido astrónomo supongo que le hubiera puesto un nombre raro:
planeta enano K7232, por ejemplo.
Pasó que me miraste y te miré y todo lo que había alrededor
-las sillas y las mesas y los platos y los autobuses,
las grandes avenidas, las latas de refresco y las señoras
en las peluquerías o los paraguas-
suelo incluido,
desapareció.

Si hubiera sido mago...¿Y alquimia? No, tampoco. No se trataba de la tabla periódica
ni
de la fusión de dos átomos ni por supuesto, qué tontería,
de una maldición.
Sólo el olor de los naranjos, y en la miel de tus ojos,
el amor.
Joder, yo sólo pasaba por allí.

Billy MacGregor

jueves, 9 de marzo de 2017

La balada de Boulevard man

(Foto de Teresa Salvador)



Si vinieras a mis ojos podrías nadar todos los días.
En el mar, claro. Es lo que hay en los ojos de un...
Un mar precioso con veleros tan blancos 
y gaviotas tan altas y nubes, tantas nubes.
Te asomarías por mi córnea a ver pasar
los trenes.
Sembrarías geranios. Uno en cada pestaña.
Tenderías las bragas, la ropa del trabajo, los calcetines.
Porque a veces te lloro. Y así termina tanto amor. Derramado por el suelo.

Billy MacGregor

domingo, 19 de febrero de 2017

Ruta 9

(Foto de Pedro Sabalete)





Podía haberse llamado no lo sé, Soledad, Patricia, Bernabé
o Calamity Jhones.
Pero era ella y se llamaba un día mi amor, y al otro
ya
no.
Y así, hasta que uno hacía plop o el otro pum o se echaban las uñas a la cara
o se jugaban
a cara o cruz la vida.
Aunque al día siguiente,
madrugaban sólo para amarse como si el mundo fuera a acabarse precisamente ahora.
Pudiere habere sido siere si no hubiere hubido tanto de tan todo,
una historia de amor
pero lo cierto,
es que era una catástrofe
de inimaginables dimensiones.
Por eso nos faltaba el aire, a veces. Esas veces.
Podría haber sido una violeta, un pájaro, el Sol.
Pero fue ella, y ni siquiera era culpa suya.


Billy MacGregor

jueves, 22 de diciembre de 2016

Alfil a reina cuatro

(Foto de Teresa Salvador)



Ceder a lo leve
de un beso
la boca.
Buscar con la yemas cierta latitud.
Multiplicarnos. Ti x yo=¿Mmmm?

Sin planes de vuelo ni mapas ni imperdibles.
Sin pajares ni perdices ni cuándo te vas a afeitar.
Sin hoys te quiero más que ayeres ni me mueros ni ya sabes.
Sólo el caos en un plato, un cuchillo, un tenedor, la luz bajita y
que crucen de un soplo la casa las hojas de otro otoño.

Billy MacGregor

martes, 13 de diciembre de 2016

Hasta yo tengo ojos en la cara



¿Quieres que te coja en volandas y te tire a la cama y me convierta en tigre?
No puedo. Pesas setenta y nueve kilos.
Pero te amo-más adelante te diré por qué-,
y sé hacer otras cosas, muy guarras.
¿Quieres que no deje sueltos mis demonios por la casa?
Te dije que tenía mascotas.
Acércate. No muerden. ¿Ves? Mira cómo mueven el rabo.
Soy más desagradable que el abuelo de Heidi.
Pero me quieres. ¿Qué culpa tengo yo?
Tampoco sigues la dieta a rajatabla.
Te he visto comer chocolate a escondidas como una puta rata.
Y ahora como había prometido
-espera...
(tiro en la cabeza)-, paso a enumerar los motivos:
Te quiero porque eres el Santo Grial.
Porque te gusta cuando hago lentejas.
Porque siempre caes de canto.
Porque soy tu aguja del pajar. No sé qué coño significa eso.
Porque todo lo demuestras andando.
Porque nunca te callas.
Porque me escupes en la cara.
Porque sabes que soy tonto. Porque te aguantas.
Porque ves películas conmigo debajo de una manta.
Porque me compras calzoncillos.
Porque lloras. Por mi culpa.
Porque te ríes. Por mi culpa.
Porque nunca te rindes. Creo,
que
por eso aún seguimos vivos.

Billy MacGregor

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿No me debes una estrella fugaz?



Es ese algo que no sé lo que me vuelve como loco, de ti
o hacer la cucharita -oh my god-
contigo o tú de tuerca y yo hacer de tornillo entre las sábanas
cri cri cri
como pequeños y adorables (tan brillantes) insectos metálicos.
No es que tengas scanners en los ojos ni infrarojos, rayos x,
periscopios
ni esa luz ultravioleta o que lo quieran todo-todo-todo-todo.
Es otra cosa.
Pero no sé si de este mundo o si es el pío pío de tus labios
o ir en barco hasta tu lado de la cama, tú,
que todo lo inundas, ten piedad.
Tú, mi amorrrrrrrrr de muchas erres, ten piedad.
No me señales con tu único dedo como si fuera la cena de esta noche y
ten piedad.
Tengo huesos que casi ya no me obedecen y estas ganas terribles
de comer chocolate todo el tiempo.
¿Nunca te duele la cabeza?
¿Por qué nunca me sale decir no?
¿Existe nunca? ¿Dónde está?
¿Sirvió de algo dar la vuelta ochenta veces en un mundo,
arreglar tostadoras,
levantar de su tumba a Baudelaire y
pintar las paredes del Olimpo, de rosa palo?
Porque partí por donde el alba y como Sirio vuelvo
cada noche a pronunciar tu nombre en vano.
Con las manos vacías, es cierto.
Pero mirá, mirá que cicatrices...
Yo, modelo de señor B-34, te amo.
Y aún no sé por qué.
Creo (que alguien apague esa luz) que por eso le he puesto tu nombre a
mi último cartucho.

Billy MacGregor

jueves, 13 de octubre de 2016

Sin latitud



Sé de este viento entre las ramas de los árboles,
que me trae tu voz
desde tan lejos.
Que me cierra los párpados como si ya estuviera muerto
y que me clava, como anzuelos, al cielo de la boca las letras de tu nombre:
“Te todo”.
Te amodio y te pero y te pufff y te plof.
Te sí y te no. Te casi huy, a veces con mis propias manos
y otras te y te y te y te sobre la lavadora.

Y me gusta que me duelas así, bajito, como una canción de cuna.
Hablar con la almohada. De tú a tú. Buscar tu mano. Casi tocarla.

Y aunque no siempre es suficiente sigo vivo.

Incluso me han salido tres hojitas.



Billy MacGregor

sábado, 16 de julio de 2016

Volver




Porque lo nuestro, con sus mases y sus menos y sus peces y su pan
no crece en los frutales,
no se vende en botica 
ni ocurre sino aquí, en este abrazo.
Se labra como la tierra.
Se faena como el mar.
A las duras y maduras y a la cebolla y el pan.
Batallando Trafalgares.
Follando mal y poquito los sábados por la tarde.
Muriendo a final de mes.
Rezando lo que sabemos para empezar otra vez
desde un millón doscientos cuatro grados bajo cero,
desde el mismo vientre que Jonás.
Porque te sí.
Porque tú me.
Porque To Be o no To Be ya no me importa
desde que nos diagnosticaron
mal de amores, ay-ay-ay-ay-,
hasta que sólo la muerte nos separe.


Billy MacGregor



martes, 31 de mayo de 2016

Entre paréntesis



(Si coges un tornillo con la punta de los dedos de una mano y una tuerca con la otra, así, automáticamente, no querrás otra cosa que enroscarlos. Acercarás el uno al otro con tanta precisión como si del ensamblaje de un módulo espacial se tratara, y no más entren en contacto empezarás a girar la tuerca en el tornillo y milímetro a milímetro, mientras esta se desliza con suavidad cada vez más a lo hondo y abrazándolo todo a su paso como hace la hiedra con los muros, sentirás de pronto la extraña sensación de que todo está en su sitio. Cada estrella. Cada montaña. Cada papel que Sherlock Holmes dejaba sobre su escritorio cubrirse de polvo. Cada gota de lluvia. Cada maniquí de cualquier escaparate esperando el amor al otro lado del cristal.
Y te hace feliz la idea de que, por mucho que tires, no van a separarse nunca nunca y por lo tanto se oxidarán con el tiempo bajo el paso de los siglos y los siglos amén llegando a fundirse en una sola pieza, tan valiosa, única, e irrepetible.)

Billy McGregor


lunes, 16 de mayo de 2016

Qué pequeño se ve todo desde aquí



Te decía , pajarito
que la amo,
justo antes de que echaras a volar.
Acaso tú, mejor que nadie,
sepas que la historia se escribió con el hambre
de llegar a un final imposible.

Cuando menos, glorioso.
Ganar la cumbre.
Clavar la espada.
Atar su pañuelo.
Arrodillarse.
Jurar: "Vengo a morír entre tus brazos."
Y el eco hará el resto.
Te decía, pajarito, mientras te ibas con el viento y en el pico una lombriz
de vuelta al nido,
que siempre la amaré.
Lo demás, sólo es vivir.

Billy MacGregor