domingo, 29 de marzo de 2026

Guerra


Todas las madres del mundo,
ocultan el vientre, tiemblan,
y quisieran retirarse,
a virginidades ciegas,
el origen solitario
y el pasado sin herencia.
Pálida, sobrecogida
la fecundidad se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.
La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.

La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.

Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?

Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse, piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.

Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.

Miguel Hernández 

domingo, 22 de marzo de 2026

Adiós, Carmen


Hoy se ha marchado una mujer a la que conocí poco, pero que apreciaba mucho. Ella me dio a la madre de mis nietos, y éramos amigas. A pesar de la enorme distancia, por el milagro de la tecnología, hablaban nuestras letras a menudo, nos contábamos cosas y nos deseábamos lo mejor. Ella, con su educación exquisitamente mexicana, se reía y medio escandalizaba de las barbaridades que digo con olímpica normalidad, y encontraba divertidas algunas expresiones que, allí, resultarían casi intolerables, por desafortunadas. Muchas veces me dijo: Sarita, tienes que venir a México y te presentaré a mis amigas. Y yo respondía: claro, lo que quieres es reíros de mí y mis cosas...

Amaba España de una manera que me resultaba chocante. Ella, de ascendencia española, estaba al día de las cosas que ocurrían aquí, bastante más informada que yo, ya que me hablaba de gente que ni me sonaba. 

Esta mañana me he despertado con la noticia de su muerte. Ha sido como un bofetón. Estaba malita, pero nunca pensé que tanto. Me cuesta entender que ya no hará esa próxima visita a Alcalá que tanto deseaba, que no volveremos a tomar juntas el chocolate con churros que le encantaba, que no nos escaparemos más de compras y a comer por ahí, que no comentaremos cosas de nuestros nietos. Siempre fue una amiga para mi, y duele mucho despedir a los amigos.
No puedo parar de llorar, Carmen. Sé que te gustará saber que eres muy querida. Volveremos a vernos. Descansa en paz, amiga mía.

sábado, 21 de marzo de 2026

Poema 37


 

Corazón, le olvidaremos
en esta noche tú y yo.
Tú, el calor que te prestaba.
Yo, la luz que a mí me dio.
Cuando le hayas olvidado
dímelo, que he de borrar
aprisa mis pensamientos.
Y apresura tu labor
no sea que en tu tardanza
vuelva a recordarle yo.

 Emily Dickinson

viernes, 20 de marzo de 2026

Un arte


 "No es difícil dominar el arte de perder:

tantas cosas parecen llenas del propósito de ser perdidas,
que su pérdida no es ningún desastre.

Perder alguna cosa cada día. Aceptar aturdirse por la pérdida
de las llaves de la puerta, de la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.

Después practicar perder más lejos y más rápido:
los lugares, y los nombres, y dónde pretendías
viajar. Nada de todo esto te traerá desastre alguno.

He perdido el reloj de mi madre. Y, ¡mira!, voy por la última
—quizá por la penúltima— de tres casas amadas.
No es difícil dominar el arte de perder.

He perdido dos ciudades, las dos preciosas. Y, más vastos,
poseí algunos reinos, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue ningún desastre.

Incluso habiéndote perdido a ti (tu voz bromeando, un gesto
que amo) no habré mentido. Por supuesto,
no es difícil dominar el arte de perder, por más que a veces
pueda parecernos (¡escríbelo!) un desastre".

Elizabeth Bishop 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Instrucciones para fabricar una mujer


Primero, tómese un puñado de barro
y mézclese con un costillar ajeno.
No olvide soplar con suavidad:
las mujeres nacen del aire,
pero mueren de asfixia.
Luego, ubíquela en la cocina,
en el altar, en la trinchera,
en la sala de partos, en la sala de espera,
en la jaula sin barrotes,
en el teatro sin guion.
Para que funcione correctamente,
aliméntela de silencio,
vístala de súplica,
píntela con miedo y un poco de rubor.
Enséñele a caminar sin hacer ruido,
a llorar sin descomponerse,
a sonreír con los labios pero nunca con los ojos.
Si protesta,
ajústela un poco más al molde.
Si grita,
cámbiele las pilas.
Si se rompe,
no se preocupe:
siempre hay otra esperando.
Pero a veces,
una se escapa del envase,
desarma el instructivo,
apaga el interruptor.
Y entonces,
se sienta en la mesa equivocada,
baila con los pies desnudos,
dice su nombre en voz alta
y ríe, ríe, ríe
sabiendo que la risa
puede romper el mundo.


Silvia Moscatel

martes, 3 de marzo de 2026

Esa es tu pena


Esa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre, no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio:
sepúltala en tu pecho hasta el final, hasta la empuñadura.

Olga Orozco