viernes, 22 de septiembre de 2017

Ha llegado el otoño




Ha llegado el otoño, otro otoño, de nuevo.
Y se llenan de fuego las tapias de los parques
y los árboles pierden el pudor y nos muestran
la tibia desnudez de sus frágiles ramas.
Es otoño en el aire, es otoño en el alma
que algún rato descansa en la blanda hojarasca.
Huele el campo distinto. Se prepara al descanso
y crecen sus pestañas de líquenes y musgo.
La piel que se repliega al abrigo del frio.
Mi corazón de otoño encuentra su refugio.

Sara Royo

lunes, 18 de septiembre de 2017

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domingo, 17 de septiembre de 2017

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viernes, 15 de septiembre de 2017

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Ese momento
fugaz y preciso
cuando la frontera de la vigilia
huye
y la realidad es un sueño que flota
y el cuerpo que reposa
se rinde
ante otro cuerpo que se expande,
que vuela
hay caballos que corren
pateando las venas
y peces que sonríen
y mariposas ebrias.
Elige bien tus alas
para soñar la vida.


Sara Royo



jueves, 14 de septiembre de 2017

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martes, 12 de septiembre de 2017

Felices cinco



Hoy es un día especial. Una persona a la que quiero mucho cumple nada más y nada menos que cinco años.

No puedo evitar recordar el momento en el que la vi por vez primera. Cuántas cosas han ocurrido desde entonces...

La vida es una tómbola (ya lo decía Marisol) y a veces nos toca el jamón y a veces el papelito de "siga jugando". Debo reconocer que a mi me ha correspondido  un premio de los buenos. Porque cada uno de estos cinco años, con sus meses, semanas y días, son un regalazo del Universo, Dios o como queramos llamarlo. Verla crecer y convertirse en la maravillosa persona que va siendo, es algo inmenso. Y yo estoy cerca para disfrutarlo.

A quien corresponda: gracias. Por ella, por ellos, por mi.
Feliz cumpleaños, mi niña. Es incontable lo que te quiero.

lunes, 11 de septiembre de 2017

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domingo, 10 de septiembre de 2017

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Me miró. Sus ojitos se llenaron de chispitas y me sonrió.
Empezó a responderme con balbuceos cantarinos y eran notas de plata todas las que salían de su pequeña garganta.
Esa primera conversación nuestra, ese reconocernos, comunicarnos, identificarnos, marcó mi día y le dio sentido.
Tan pequeñito y tan grandes regalos…

martes, 5 de septiembre de 2017

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domingo, 3 de septiembre de 2017

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Un día, sin previo aviso, te sorprende la verdad.
Simplemente jugabas a los detectives y te das de bruces con una realidad incómoda, levemente dolorosa. No era como pensabas. Te han mentido otra vez.
Desde esa atalaya puedes ver, observar. Sin que te reconozcan.
No pasa nada, porque ya habías decidido poner distancia. Estas cosas no hacen sino ratificar el pálpito, la sensación de que ya está bien. Punto final.
La vida sigue y te enseña. Y ya casi es otoño.

viernes, 1 de septiembre de 2017

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sábado, 26 de agosto de 2017

Una foto antigua




Está muy seria, en pie. Mira de frente.
Sostiene un bolso en la mano que parece
haber vivido tiempos más felices.
Rodea con su brazo la belleza
de un joven -¿su hijo, alguien amado?-
que sonríe y la mira con ternura.
No sé sus nombres ni nada de sus vidas.
Pero me quedo prendido de los ojos
de esa mujer que mira con orgullo.
Que muestra al mundo entero que ha vencido
en el muchacho a una vida
perra que adivino
en la ropa de saldo y mercadillo.
No hay fuerza como la que asoma
en el rostro cansado y desafiante.
En ella está el orgullo, la soberbia
bendita del que nunca tuvo nada.
Pero sabe que, a veces, la belleza
se detiene a su lado. Su dios joven
la abraza. Y no habrá nadie
que pueda cambiar, jamás, ese momento.

Rodolfo Serrano

miércoles, 23 de agosto de 2017

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lunes, 21 de agosto de 2017

El día del eclipse



En este día, el día del eclipse,
nada va cambiar.
Paso tras paso
seguimos caminando
y el mundo se termina cada vez
que alguien que amamos
no nos dice
que nos quiere de la misma manera.
Montones de catástrofes diarias
y la vida
se sigue abriendo paso.

Sara Royo

domingo, 20 de agosto de 2017

17 de agosto



Ocurrió el pasado jueves y han  tenido que transcurrir unos días para que yo sea capaz de escribir sobre esto con un poco de orden en el corazón, la mente y las tripas.
Un montón de muertos (niños también), muchos heridos, de los que algunos no van a sobrevivir o les quedarán secuelas de por vida.
Y piensas en la sangre fría y la mala baba de alguien que es capaz de ir atropellando sistemáticamente a pacificas personas que pasean, y quieres que reviente, que le peguen dos tiros, que expulsen inmediatamente del país a todos los musulmanes, árabes, moros y su puta madre, porque en esta ocasión el terrorismo sí que te duele, porque te han tocado a los tuyos. Que esa es otra: los tuyos en el corazón mientras algún descerebrado hace distinciones y dice que hay muertos catalanes y muertos españoles.
Los que perpetraron semejante atrocidad no son mas que críos. Críos a los que les han lavado el cerebro, que se han criado en la seguridad de un país no islámico, que no saben lo que es vivir día a día con el miedo de no volver a ver a tus seres queridos por la violencia cotidiana. Y claro, lo que nos sale de las tripas es meter en el mismo saco a todos. Pero luego ves alguna de las imágenes (pocas, porque no puedo verlas) y hay mujeres tiradas en el suelo, en un charco de sangre, y algunas llevan el velo en la cabeza, y los niños que lloran a su lado, desesperados ante la muerte de su madre, es tan niño como cualquier otro, porque el terrorismo mata indiscriminadamente, porque solo quiere hacer daño y le da igual que los suyos sean victimas también. Pero, los suyos? Porque hay muchos musulmanes españoles que gritan que esta gentuza no los representan, que el Islam es amor, que la guerra santa no es su guerra.
Yo qué se. Detrás de todo esto, sospecho hay más de lo que nos dicen y nunca lo sabremos. Todos somos víctimas, de una u otra manera. Y lo más terrible de todo es que, cuando supe que habían abatido a tiros  a los terroristas en Cambrills, me alegré. Estas cosas cambian el corazón de la gente de paz, sí, porque me sigo alegrando.