miércoles, 23 de septiembre de 2015

Otoño




Puede el otoño convertirse en primavera?
La sangre, q a veces es más q un compuesto orgánico, se revoluciona y grita. Cada hoja q cae, dorada y rojiza, es una posibilidad, una esperanza, un interrogante.

Yo soy un fruto de otoño. El calor residual de un largo verano. Esa taza de café q calienta las manos.
Soy lo q soy, lo que fuí y lo q aún seré. Todo cabe en un otoño.
Bienvenido, otoño 2015. Aquí me tienes.

jueves, 3 de septiembre de 2015

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miércoles, 26 de agosto de 2015

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Porque yo,
adentro mío,
tengo un mar.



(Foto de Teresa Salvador)

lunes, 17 de agosto de 2015

El día de hoy




Escapar hacia delante. Y mirar hacia atrás sólo lo justo. Así huyo yo.
Ahora, q me siento a salvo, fuerte, agradecida, mujer de luces y sombras, sé quién quiero conmigo. Lo sé muy bien. Los tengo cerca, a veces los respiro. Y sé quién no.
Esto de averiguar si me falta alguien en el puzzle es otro paso adelante. Todos son hacia delante. Transcurre este tedioso verano q, sin embargo, ha sido sorprendente de alguna manera. Me descubro y me reconozco. 
Ya hace menos calor.

domingo, 9 de agosto de 2015

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He vuelto a nacer de nuevo
sin mariposas ni rosas,
sin tranxilium, sin  dinero,
con la vida por delante,
la hermosura de lo incierto.
Con tanto amor que me sobra,
con la libertad que quiero.
Sin ataduras ni espinas.
He vuelto a nacer de nuevo.

Sara Royo

jueves, 25 de junio de 2015

Nada que decir




No es que no escriba
porque no tenga nada que decir.
O que sentir. O que soñar.
Es que hay tanto, tanto,
que escribo con los ojos
sobre los pétalos de amapolas
que dejan el campo enrojecido.
Escribo encima de la retama,
amarilla y hermosa como el sol
o mi alma.
Escribo en mi cerebro
palabras que emocionan
a esa flor del camino que parece una espada
cuyo nombre no sé
y tampoco me importa.
Lleno folios y folios dentro de mi cabeza.
No necesito tinta.
Escribo con mi sangre.
Y tengo un mar entero que brama
y se desborda
y naufrago y me salvo
y respiro y me ahogo
y me crezco, me expando,
en mi mismo universo.
Podría decir tanto
que prefiero callarme.

Sara Royo

 

martes, 13 de enero de 2015

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Implosiono y es tarde
porque ya siempre es tarde.

Todo lo que he sabido
es una luna llena
alumbrando la noche,
molestando a los búhos.

Una estrella malvada
nos maldijo, sonriendo,
nos obligó a elegir.

Sara Royo


domingo, 21 de diciembre de 2014

Navidad

 
 
No me gusta la Navidad. Creo q dejó de gustarme justo cuando abandoné la infancia más tierna. Luego tienes hijos y a ellos les encanta lo del Belén, y el árbol, y las luces y demás parafernalia.
Lo cierto es q me gusta menos cada vez. Pero, por si es verdad lo de la magia esa q dicen y un reno de los del trineo de Santa o el camello de Gaspar tienen a bien lanzarme un chispazo mágico (fijaos q espero más de los animales q de los humanos), ahí va mi deseo de q todo mejore en estos días, y durante el año próximo, y el resto de nuestras vidas.
Por favor, intentad ser felices.
Aunque paso poco por el blog, no os olvido. Montones de abrazos.

(Esta preciosa foto es de mi amigo Pedro Sabalete, que me la ha prestado. Gracias, Goathe)

martes, 1 de julio de 2014

Cuando quise leer la caligrafía de las brasas

Cuando quise leer la caligrafía de las brasas,
las palabras sin certezas hacían un ruido de celofán
entre los dedos, ya entonces alguna brecha abierta,
arrugas que no supe interpretar. Las manos de un
alfarero loco modelaban mi sombra y el orfebre puso
a secar mi corazón encima de la empalizada.

De "Dados y dudas"  1996

Amalia Iglesias


martes, 27 de mayo de 2014

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Cada uno llevamos nuestra bolsa de penas
y heridas que nos duelen a traición, alevosas.
El tiempo es un tramposo que parece que pasa
pero se queda siempre, escondido en los pliegues,
acechando un recuerdo, un olor, un paisaje,
y en dos zarpazos fieros nos lleva a ese minuto
en que nos mató a golpes de tristeza la vida.
No sabe de clemencia ni de balsámico olvido.
Morimos muchas veces. Más que resucitamos.
Hay días en que pesa tanto y tanto esa bolsa
que la despeñarías desde cualquier barranco
más va cosida a tu alma, a tu piel va cosida,
y tu tiempo y su tiempo son hermanos siameses.


Sara Royo

sábado, 26 de abril de 2014

Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre...




Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre.
Con un vestido blanco trazaré cada una de sus letras por las
          paredes de mi dormitorio, por el suelo del patio del
          colegio, por el pasillo de la casa más antigua. Para
          recordar mi origen cada vez que yo viva.
En todos los lugares podré besar sus mejillas limpias de
          cristal, aunque ella duerma lejos:
sus mejillas cercanas que me dolerán allá donde acaricie
          su nombre escrito.
Tantos días, tantas noches habrá de alimentarme
          amorosamente con su parábola descalza;
vendrá mi madre a arroparme, mujer de humo, con los ojos
          tiritando de suerte,
y en cada sueño mis apellidos dolerán como un cartel de
          bienvenida a un hogar diferente.
Sobre mi cabello, rubio como el de mi madre, la corona que
          me ciño como hija primogénita de Dinamarca.
Me llamaré Vacía, en honor a mis muertos; miraré cómo
          retozan de acrílico las palmas de mis manos, sangrará
          mi lengua a disposición de mis muertos.
Gritaré quinientas veces el nombre de mi madre para quien
          quiera escucharlo, y escribiré que bendigo este medio
          corazón en huelga mío, pues no olvido:
nací para llorar la muerte de otros.
 
 
Elena Medel

domingo, 20 de abril de 2014

Yo no sé casi nada


Yo no sé casi nada.
Desaprendo deprisa. Me confundo,
me ahondo, me encuentro con paredes
que nunca me estorbaron.
Lo que sabía antes apenas ya me vale.
Se rebela la vida. La fuerza se rebela.
Con un rigor de espuma
exacta e incontable
yo me esparzo lo mismo
sobre algún rompeolas.
Ahora andamos en eso:
en saber casi nada.



Sara Royo





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viernes, 11 de abril de 2014

Cristal blindado.

 
 
Estaba convencida de tener un blindaje protector. Un cristal fuerte, a prueba de todo. Tenía la seguridad de su fortaleza, ésa que se consigue a base de tiempo, sudor, lágrimas y batallas. Sabía que podía con todo, porque siempre pudo. Ningún daño procedente del exterior tenía la fuerza necesaria para quebrar su cristal, ya que toda fragilidad cabía en el hueco de su mano pequeña, del tamaño exacto de la medida de su corazón. Lo bueno, lo luminoso, lo suyo, estaba guardado celosamente dentro, a salvo de todo.
Ya no hacen cristales blindados como los de antes. Se rompen cuando menos te lo esperas. Quizás no supo ver las fisuras, quizás una calma aparente hizo explotar la transparente coraza y los cristales, líquidos como lágrimas, la miraban perplejos, tan extrañados, tan perdidos como ella misma.
Habrá que reparar esto, pensó. Decidió irlos pegando poco a poco, volver a construír su castillo, porque todo el mundo necesita ese refugio donde cobijarse y hacerse fuerte ante el feroz enemigo.
Sin prisa. En esto de arreglar cosas, correr no tiene sentido.

miércoles, 19 de febrero de 2014

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"No. No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar."

Bertolt Brecht.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Solsticio de Invierno

Hoy es el día más corto del año.
Mañana ya empezará a haber más luz. Eso hace falta: luz.


                                        Fotografía de Pedro Sabalete. "Amapola vencida"


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