lunes, 12 de octubre de 2020

Doce de octubre


 Yo vi a la ciudad consumirse en su gozo, arder en los brazos cargadicos de flores; oí cada garganta en un júbilo intenso gritar como una sola. Yo vi una Zaragoza inmortal, abierta, ebria de fervor y alegría, porque los Pilares unen a la gente como un gran abrazo.
No podrá ser este año. 
Pero esa ciudad sigue siendo, hoy y siempre, un inmenso altar fragante.

martes, 6 de octubre de 2020

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No importa que mutilen las palabras,

que las fragmenten 
y empequeñezcan
en pildoritas leves de fácil tragadera;
no importa que se afanen
en hacerlas falsamente livianas,
edulcoradas, sosas,
insustanciales, bobas,
porque crecen y anidan más allá de la mente;
se arraigan, poderosas, 
dentro de corazones que gritan su desgarro
y son claros puñales de luz 
y de amargura
clamando, las palabras, a la puesta de sol.

Sara Royo

sábado, 3 de octubre de 2020

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jueves, 1 de octubre de 2020

Octubre


 Octubre tenía un aire dorado.
Tenía en el pelo ocres y rojizos, 
agradecimiento rendido a la vida,
la cadencia suave de las tardes dulces.

Sara Royo

viernes, 25 de septiembre de 2020

Foto de Teresa Salvador
 


Esta mañana el sol es un guante de seda cálido entre la frescura del aire. El cielo es tan azul que puedo imaginar el mar, detrás de la loma arbolada que se ve desde mi calle.
El otoño se estrena lleno de luz.

martes, 22 de septiembre de 2020

Otoño


 

lunes, 21 de septiembre de 2020

El último día del verano

 


Hoy es el último día de un verano complicado. Aparte de la pandemia y su repunte doloroso, han ocurrido otras cosas no buenas. Hoy mismo, la confirmación de la enfermedad mental de un viejo y buen amigo.
No me gusta el verano. Y este ha sido especialmente detestable.

martes, 15 de septiembre de 2020

Cicatriz


 Sospecho que las heridas
-las más profundas
y esas otras,
que se desvanecen-
tienen algo de luz.
Las ciénagas y los suspiros,
también.
Si me rozas con tus labios,
tus labios impacientes,
sé que habrá esperanza,
un rumor habrá.
Me angustia esta noche,
porque la llama te aleja de mí.
¿Dónde están las manos
que cantaban,
las que suplicaban
la rosa?
Puede que solo quede la mañana,
triste como una limosna,
como un campesino viejo y descalzo.
Habrá una víspera de palomas
y apuraré junto a la cama tu nombre,
el eco dulce de tu nombre,
vendrán a llamarme
y me pondré en pie,
pero cuando todos
se vayan,
cuando la luz
se aleje
-los suspiros
mimbre de la noche-,
¿dónde estarán tus labios?,
¿dónde estará, amor mío,
la luz
que limpie mi cicatriz?

Miguel Paz Cabanas

domingo, 13 de septiembre de 2020

Me entretengo queriéndote

 

Foto de Teresa Salvador


Por la tarde, al atardecer,

después de los versos,

me entretengo queriéndote,

me entretengo.

Apago las luces y enciendo el amor,

y al amor de la lumbre

que brota del recuerdo…

(¡Es hermoso el otoño para amarte!).

.. encandilo mis ojos

y caliento mis dedos,

pongo agua en los nardos

y un disco de silencio.

Aunque no estás conmigo

a tu imagen queriendo,

por la tarde yo sola,

me entretengo,

queriéndote, me entretengo.


(Historia de Gloria, Gloria Fuertes)

sábado, 12 de septiembre de 2020

Doce de septiembre


 


Es el tiempo veloz, es un suspiro,

es arena que huye entre los dedos,

mientras crece tu sombra y tu mirada

y este amor que me inunda si te veo.

Sara Royo

Para Tabby en su octavo cumpleaños.
Es incontable lo que te quiero.

miércoles, 2 de septiembre de 2020


Septiembre ha comenzado con un regusto de incertidumbre. No nos sentimos mejor, ni más seguros. 
No puedo evitar el recuerdo de otros, llenos de ilusión, de olor a libro nuevo, de reencuentros felices. 
Algo que hoy me parece tan lejano como ese verso escrito en la piel, cuando los abrazos eran posibles.

martes, 25 de agosto de 2020

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Ten paciencia conmigo.
Porque el mundo es asi, y vengo herido,
ten paciencia conmigo.

Luis Garcia Montero


sábado, 22 de agosto de 2020

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 (Foto de Teresa Salvador)



 No entres dócilmente en esa buena noche,

Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

Aunque los sabios entienden al final que la oscuridad es lo correcto,
Como a su verbo ningún rayo ha confiado vigor,
No entran dócilmente en esa buena noche.

Llorando los hombres buenos, al llegar la última ola
Por el brillo con que sus frágiles obras pudieron haber danzado en una verde bahía,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Y los locos, que al sol cogieron al vuelo en sus cantares,
Y advierten, demasiado tarde, la ofensa que le hacían,
No entran dócilmente en esa buena noche.

Y los hombres graves, que cerca de la muerte con la vista que se apaga
Ven que esos ojos ciegos pudieron brillar como meteoros y ser alegres,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Y tú, padre mio, allá en tu cima triste,
Maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócilmente en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz. 


Dylan Thomas

martes, 11 de agosto de 2020

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Llueve, por fin.

El aire se refresca, se limpia el mundo.

lunes, 3 de agosto de 2020

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Mira mi cuello y descubre un granito bajo la oreja.
Con su lengua de trapo me pregunta: yaya, tienes pupa? Inmediatamente pone su mano sobre el granito y, como un pequeño chamán, recita las palabras mágicas: sana, sana, culito de rana; si no sanas hoy, sanarás mañana.
Me mira sonriendo. Ya? 
Y ya me has curado con tus palabras, con esa risa que me crece, como una marea, que me sana y me reconcilia por dentro y por fuera. Claro que me curas, niño, porque me inundas de amor, me llenas con tu traviesa ternura, me das sentido y forma. Me reinventas. Das explicación a cada minuto que me ha llevado hasta aquí, al preciso momento de que tu mano me cure.