jueves, 6 de mayo de 2010

Disculpadme

Pues tengo el ordenador pachucho. Supongo q más q un virus, es como un elefante iracundo, así q voy fatal con el blog. Además, se ha desconfigurado o lo q sea el teclado y no me deja poner las tildes, así q escribir es un suplicio. Y como no es plan de usurparle la máquina a nadie, prometo volver a mi ser en cuanto lo arregle, y eso puede tardar un poco. De momento, puedo leeros. No escribo porq me cabrea hacerlo mal. Así q disculpadme, porfa. No es q no os quiera, es q no os lo puedo decir.
Sigo por aquí.

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sábado, 24 de abril de 2010

Mascarón de proa


Quiero ser el mascarón de proa
de tu vida.
La que va delante tuyo
ahuyentando los miedos.
La que no sirve para nada.
Ni timón,
ni vela,
ni viento,
ni ancla.
La que se quiere porque sí.
La inútil que se abraza a tu madera
aún en tiempos de tormenta.


Gisela Galimi


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martes, 20 de abril de 2010

Es bastante


Olvido algunas cosas.
Olvido, por ejemplo, algunos nombres.
Muchos odios. Palabras
que no debí decir.
Incluso de ti misma he olvidado
instantes que pensé siempre estarían
sangrando en mi memoria.

Pero nunca olvidé la forma en que me hacías
el amor. Ni tampoco tu rostro en el momento
en que morías
agarrada a mi carne.

Siempre quedan,
a pesar de los días olvidados,
unos ojos perdidos en la nada,
un jadeo animal y un rostro único
que sólo en un segundo se convierte
en toda la razón de la existencia.

Es eso lo que queda
de todo amor eterno. Y es bastante.
O es lo que quisiera que quedara
cuando intento
acordarme de un cuerpo
que tal vez nunca fuera de mis manos.

Rodolfo Serrano



No he podido evitar trerme este poema, uno de los maravillosos poemas de Rodolfo Serrano (http://rodolfoserrano.blogspot.com/), cuyo blog no podéis dejar de visitar. Gracias, Rodolfo.
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domingo, 18 de abril de 2010

Defensa de la alegría




a trini

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegía como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.


Mario Benedetti


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sábado, 10 de abril de 2010

Cantos de sirena

martes, 6 de abril de 2010

Abril


Con sus nieves y aguas mil
al invierno el sol destierra;
suspira alegre la tierra
y ese suspiro es abril.
¡Abril!, el primer albor
de la mañana en el cielo;
¡abril!, el primer anhelo;
¡abril!, la primera flor.
El primer ímpetu ardiente
de la vida, antes en calma;
el primer grito en el alma;
el primer sueño en la frente.
Abril es por maravilla
flor de eterna juventud;
abril es fuerza y salud;
abril sabe a manzanilla.
Abril es aura que cruza
entre flores a escoger;
abril es una mujer,
y una mujer andaluza.
Abril ama, sueña, engríe,
canta, bulle y alborota;
abril es clavel que brota,
abril es boca que ríe.
¡Abril! ¿A quién no has dejado
el recuerdo de un amor
y las hojas de una flor
en el libro más preciado?




Serafín y Joaquín Alvarez Quintero


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martes, 30 de marzo de 2010

Como lluvia de verano


Como lluvia de verano
que refrescara mis pasos
necesitaba tu aliento,
tu mirada, tu ternura,
y mi piel se resecaba
y ardía de tanta fiebre,
pisaba el suelo caliente
y me quemaba la aurora.
No llovieron tus caricias
sobre mi pena de agosto.
Aprendí a buscar el agua,
aprendí a beber yo sola,
aprendí que nunca llueve
cuando el amor se adormece.
Sembré mi nube y ya crece.
Ya me lluevo yo, sin ti.


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domingo, 28 de marzo de 2010

Yo, la hembra fiera



Yo, la marsupial,
la roedora,
la que no tiene tregua,
la que ha juntado ramas,
la que escoge las hierbas con las zarpas heridas,
la que gasta los cobres de su lengua
para fraguar el nido
y está midiendo el viento,
y acapara el lado oculto
de todas las colmenas,
la que atina a mirar los trajes de la luna
y quiere desovar,
la que fue fecundada
con un polen antiguo
y está que la revienta
la gloria de la estirpe,
la que tan sólo espero un signo de los astros
para tirarme
con un rugido ronco a dar a luz,
yo, la hembra fiera,
la traidora, la taimada,

la que a la muerte ha echado
a perder
su cacería.


Ana Istarú
De "Verbo madre" 1995




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sábado, 27 de marzo de 2010

Espejo


Se mira al espejo
buscando de nuevo
los rayos de luna
que había en sus ojos
y no encuentra nada,
solo su reflejo,
y se va al trabajo
con los sueños rotos.


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miércoles, 24 de marzo de 2010

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jueves, 18 de marzo de 2010

Declaración


Yo, que camino
de uno a otro extremo,
que no tengo claro ni el norte ni el día,
que respiro y como
y trabajo y siento
como si no fuera todo relativo;
yo, que soy
un árbol que ni el cierzo arranca
y estoy condenada
a tener memoria
declaro este día de uso privativo,
declaro estas horas mías rigurosas,
me afirmo en la usencia
triste y elegida,
me sigo rompiendo,
me muero de vida.



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lunes, 15 de marzo de 2010

Premio ELIXIR PARA OLVIDAR - Carmensabes




Me propuse, al crear este Premio de mi blog, mencionar especiamente aquéllos que me parecen sobresalientes, de una u otra manera. Desde luego, el tercer Premio va para un blog extraordinario: Carmensabes Poesía y Arte Con un gusto exquisito, Carmen Pascual nos ofrece una muestra de maravillosos pintores y poetas magníficos. Su casa es un lugar para estar mucho rato, recreándose en las imágenes y los textos y es un sitio donde yo aprendo mucho. Os lo recomiendo porque sé que os encantará.


Carmen, gracias por tu blog y por hacerlo un poco de todos.




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viernes, 12 de marzo de 2010

La suavidad del pan que no ha nacido...



La suavidad del pan que no ha nacido
sostiene sus caderas
un lomo terso de venado,
la curvatura del melón,
altas mejillas donde escribió
su adiós final la espalda.
Cómo no amar a este varón
sentado en sus dos lunas,
volcado como un río sobre el lecho.
Amo su boca tocada por la abeja,
amo sus higos apretados,
amo esta órbita doblemente dulce:
detenidos ocasos sus dos nalgas,
oh gloria de la esfera, las dos copas
en que lo habrán vertido un día.
Su grávida ternura me devuelve
a las cosas más terrenas.
Los ángulos equinos, el traje circular del universo.
Cómo no amar a este varón tocado
con piel de albaricoque en la cadera.


Ana Istarú
De "La estación de fiebre y otros amaneceres"


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lunes, 8 de marzo de 2010

Los regresos fugaces


Regresa al nido de vez en cuando y en una de esas cenas con amigos que han tenido su prole rebasados los cuarenta, te vuelve a oír la historia cien veces repetida de que siendo bebé nos robaba el sueño, su llanto inconsolable y nocturno, las mecedoras insomnes donde intentabas adormecerla estérilmente y ves que pone cara de resignación, los padres tenemos un sexto sentido para ser despiadados, para evocar con fruición el sacrificio de los pañales y las papillas, las tardes lluviosas en los parques con tiovivos y caballos de madera, hay que ver la de horas que pasé contigo, le dices, y menos mal que comías bien, y que había médicos sin remilgos para explorarte la garganta, que no abrías la boca ni por casualidad, y las vacunas, y los cumpleaños ruidosos e interminables, pero en el fondo lo que quieres contarle es otra cosa, lo que quieres confesar es que te gustaría volver a su niñez, a tu juventud, aunque sólo fuera para ver cómo perseguía una hormiga con unos dedos minúsculos y unos ojos asombrados, para contarle cien veces aquel cuento extraño de los Hermanos Grimm, porque el cuento al final acababa siendo un mapa donde los dos os perdíais sin saber muy bien cómo, en un otoño donde la luna giraba como la cabeza de una lechuza por el cielo, y según pasa la tarde y se extingue la velada, lo que te viene a la mente son otras cosas, que a sus veintiún años la sigues echando enormemente de menos, que lo que te gustaría decirle, en realidad, es que no tenga miedo a nada, ni a la angustia ni a la tristeza, absolutamente a nada, porque es prodigiosamente libre, y tiene una luz que la acompañará siempre, la misma luz que se derrama sobre otras mujeres jóvenes, a lo mejor una chica finlandesa que mira aburrida por la ventana de un invierno que le parece eterno, o la de una muchacha que viene de recoger agua desde un pozo lejano, esa luz no la tenemos nosotros, los hombres irritables y fatigados, los padres que van acumulando escombros en el corazón, decepciones en la espalda, preguntas sin respuesta, y que cuando ven retornar a los hijos, en esos autobuses que parecen carrozas pesadas y cansadas, sienten que merece la pena seguir limpiando las ramas del nido, despojarlas de impurezas, darles un poco de pintura, como hacen los pescadores retirados con sus barcas, que las cuidan con una tenacidad inexpugnable, aunque ya naveguen sólo en las noches templadas, por la sencilla razón de que si ven a sus hijos caminando por la playa, haga viento o llovizne con furia, izarán de nuevo las velas blancas y saldrán con ellos a la mar.


Miguel Paz





Gracias por dejarme traer este texto tierno de padrazo, Miguel. Los hijos que regresan, o los padres que regresamos, siempre fugazmente, somos carne de relato o de poema. O solo carne que ama.


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domingo, 7 de marzo de 2010

Oración de un desocupado


Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
porque no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre,
un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?

Juan Gelman


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