Apenas comienza junio. Tengo aún en la mente la atmósfera de Cádiz, sus pueblos blancos, sus playas, el inesperado verde de su paisaje, su huella fenicia, cartaginesa, romana, árabe...; la brisa fresca sobre la piel, que luego se volvió levante y azotaba las palmeras. El asombro de los esteros y los caños, la intensa vida que bulle entre el suelo y las nubes. De esa tierra solo me sobran sus aficiones a matar y torturar toros, llamándolo "arte y fiesta" y lo que me parece casi obsesión con los santos y las santas. Allá cada cual. De todo lo demás he vuelto enamorada. Agradezco a la vida haber podido caminar por sitios que viví de niña, pero que no he podido reconocer, porque el tiempo es inexorable con sus cambios. De modo que ahora disfruto la alegría de volver a casa, y la alegría de haber estado allí. Doble alegría: nada mal.
martes, 2 de junio de 2026
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