domingo, 22 de marzo de 2026

Adiós, Carmen


Hoy se ha marchado una mujer a la que conocí poco, pero que apreciaba mucho. Ella me dio a la madre de mis nietos, y éramos amigas. A pesar de la enorme distancia, por el milagro de la tecnología, hablaban nuestras letras a menudo, nos contábamos cosas y nos deseábamos lo mejor. Ella, con su educación exquisitamente mexicana, se reía y medio escandalizaba de las barbaridades que digo con olímpica normalidad, y encontraba divertidas algunas expresiones que, allí, resultarían casi intolerables, por desafortunadas. Muchas veces me dijo: Sarita, tienes que venir a México y te presentaré a mis amigas. Y yo respondía: claro, lo que quieres es reíros de mí y mis cosas...

Amaba España de una manera que me resultaba chocante. Ella, de ascendencia española, estaba al día de las cosas que ocurrían aquí, bastante más informada que yo, ya que me hablaba de gente que ni me sonaba. 

Esta mañana me he despertado con la noticia de su muerte. Ha sido como un bofetón. Estaba malita, pero nunca pensé que tanto. Me cuesta entender que ya no hará esa próxima visita a Alcalá que tanto deseaba, que no volveremos a tomar juntas el chocolate con churros que le encantaba, que no nos escaparemos más de compras y a comer por ahí, que no comentaremos cosas de nuestros nietos. Siempre fue una amiga para mi, y duele mucho despedir a los amigos.
No puedo parar de llorar, Carmen. Sé que te gustará saber que eres muy querida. Volveremos a vernos. Descansa en paz, amiga mía.

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