La primera vez que bailé esta canción, no la conocía.
Ocurrió de noche, bajo el porche de una casa, en la quietud del campo. En unos brazos que, entonces, eran motivo de alegría. La escasa luz de la luna apenas alumbraba. No hacía falta.
Todo eso ya pasó, esa mujer es otra. Pero esta canción me sigue gustando. Y Sara aún sonrie.
