martes, 31 de marzo de 2009

Tengo sed



"Tengo sed",
me oíste decir
con el aliento apenas.
Y me arrullaste, como a un recién nacido,
contra tus pechos ávidos
de labios míos.
Me diste de beber.
Y luego de saciarme,
te repetí:
"tengo sed",
sin aliento apenas.
Me arrullaste, esta vez,
entre tus muslos
y de nuevo, me diste de beber.
En la fuente de la vida
y de la muerte, te sellé,
con un beso,
mi
último suspiro.


Luis Eduardo Aute
(Templo de carne, 1986)

sábado, 28 de marzo de 2009

Por qué ha vuelto



Por qué ha vuelto de nuevo,
si nadie le ha invitado,
este dolor antiguo
de salitre y arena,
este sabor salado
como lágrimas mías,
la anhelante cadencia
de las olas exactas,
esta sombra de brisa
que es casi una presencia;
cómo pudo encontrarme
tan dentro, en tierra adentro,
para cambiar mi calma
por luz de caracolas
y clavarme un cuchillo
de nácar y de plata
para que me desangre,
sin una playa, sola.

jueves, 26 de marzo de 2009

Tres Tesoros



Tengo tres Tesoros

guárdalos y ponlos a salvo:

el primero es Amor;

el segundo es Nunca Demasiado;

el tercero es Nunca el Primero en el Mundo.

Por el Amor, uno está libre de miedos;

por no hacer demasiado, uno tiene amplitud

(de reservas de fuerzas);

Por no presumir que es el primero en el mundo,

uno puede desarrollar su talento y hacerlo madurar.

Porque el amor es victorioso en el ataque

e invulnerable en la defensa.

El Cielo arma con el amor

a aquellos que no quiere ver destruidos.


Lao tse

lunes, 23 de marzo de 2009

Hay momentos


Hay momentos en que todo se alborota
y la calma, como arena entre los dedos,
se nos marcha, sonriendo desde lejos,
y nos deja la mirada confundida
y el confuso corazón en la estacada.
Hay momentos en que tocamos el cielo
con la osada valentía de los locos
y nos damos cuenta de que todo es poco,
de que somos mucho mas que una palabra,
mas que un eco, mas que piel, mas que amargura,
que no cabe en una vida la ternura
que nos brota y que seguimos ocultando.
Hay momentos en que todo se alborota,
se nos mezcla la alegría con el miedo
y rompemos cada regla de este juego,
nos bebemos nuestra sangre gota a gota
y brindamos otra vez por la derrota,
naufragando como hojas en el viento.


sábado, 21 de marzo de 2009

Ahora


Me has enseñado a respirar

Juan Gelman


Porque ahora paso mi mano sobre el envés de las hojas y sé leer su alfabeto

y si cierro los ojos oigo correr un río y es tu voz que despierta

porque mi cuerpo comienza ahora en ti y acaba más allá de la lluvia

donde alcanzan tus brazos y el miedo acuartelado no vigila

y sé llamar las cosas

de modo que éstas salten se desnuden

y todo sea reciente

para mis ojos que aman en tus ojos

porque en mi llanto crecen blandas plantas carnívoras

y mi sangre palpita como una iguana abierta

porque ahora mi cuerpo recupera sus partes

y nace una piel nueva que derrota el verano

porque me has enseñado a respirar.


Piedad Bonnett

viernes, 13 de marzo de 2009

Platero


Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
— Tiene acero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.


Platero y yo (Juan Ramón Jiménez)

lunes, 9 de marzo de 2009

Soneto 1




Hasta cuando podré tener cerrada
esta puerta de ruidos y de abismo,
esta idea de estar sobre lo mismo,
esta insomne e inquieta madrugada.



Hasta donde podré llegar mañana
si me sigo enredando en el camino,
si me pierdo, me encuentro, me extravío,
y mi paz se escapó por la ventana.



Donde compro un porvenir sin grietas,
como encuentro refugio en la tormenta
que me invade y espanta a los gorriones.



Cuando voy a encontrar una respuesta
que me deje, por fin, el alma quieta,
una crema que cure corazones.